domingo, 19 de diciembre de 2021
SINFONÍA DESCONCERTANTE
https://www.youtube.com/watch?v=B8FWjggNJj8&list=RDB8FWjggNJj8&start_radio=1
Dícese de cuando la composición de los acordes pierde su armonía y serenidad. Provocando de esta manera una disconformidad de los elementos que, en una acción de entendimiento y musicalidad pretendían sintonizarse en un dial llamado cordialidad. Según la W.I.N.T.E.R (Invierno Inteligente de Narrativa Tecnológica, Elegante y Romántica) esto sucede cuando la realidad te pega una ostia que te deja asonante, discordante y cualquier otra forma de vida tipo ameba por los siglos de los siglos.
Por eso hemos creado la tecla de bloqueo y borrado en los dispositivos electrónicos. Además poseemos la capacidad de romper y tirar todas aquellas cosas empapadas por sinfonías no deseadas…Solo que cuando esa melodía se te ha metido en la caja torácica, y te encanta porque tiene un vibrato por el que tu frecuencia de altura y velocidad en las cuerdas cardiacas no encuentra parangón, entonces, la serenidad y el entendimiento se vuelven contra ti. Te rompen esquemas y pentagramas que desearías no saber leer, tampoco interpretar, porque la sintonía que amenizó aquellos comienzos, aquellos momentos de manera alegre y jubilosa, ahora se ha convertido en una marcha doliente, casi fúnebre que, de una forma angosta, oscura e incluso me atrevería a decir tenebrosa, te golpeará el cerebro cada noche para impedir tu descanso (doy fe de ello) Y te torturará hasta conseguir ese grado de enajenación en el que un concierto y una sinfonía, puedan por fin ser “una sinfonía concertante” aunque a ti se te haya roto el corazón por el desconcierto, llevándolo a una de esas noches oscuras del alma. En definitiva, decepciones de mierda, hablando en plata, acero o criptonita, me la suda. Sí, esta también soy yo. Es mi lado Hyde. Os lo presento: Mss Winter Hyde, ustedes. Ustedes, Mss Winter Hyde.
Pero vaya, que escuchar musiquita es lo mejor del mundo mundial, eh? Lástima que fueran los Hombres G quienes acuñaran el término “Todas las canciones te recuerdan algo” Si no fuese por su tema “La playa” para mí su mejor canción, les daría pero bien, a los recuerdos de mierda.
Cuesta mucho conseguir sacar de tu cabeza el tema que escuchaste mientras sucedía tal o cual cosa en tu vida. No importa de qué índole sea, me refiero a esos hechos que te han marcado con una x bien grande el lado izquierdo de tu pecho. Los escuchaste en bucle, bendito él por siempre, saciándote de ellos, hasta que no pensabas más que a través de las letras de esas canciones y, te movías al son de cada una de sus notas. Tu vida era una gramola girando continuamente con los altavoces cosidos a tus orejas.
La música nos acompaña, a muchas personas, a lo largo de nuestra vida. Una banda sonora particular que bien somos nosotros mismos quienes producimos o llega por cuenta ajena y la hacemos tan nuestra como si la hubiéramos parido o descubierto debajo de una losa en el salón de casa. Tesoros que en ocasiones nos negamos a soltar, incluso a compartir porque son tan íntimos que sería cómo desnudarnos ante el mundo. Gracias a los dioses y al universo que existe en Spotify, o en otras plataformas, el modo privado ¿verdad? Por supuesto también tenemos listas de las que avergonzarnos, o ¿quizá no? Bueno, dejemos los temas escabrosos para otro momento y por supuesto la libertad de cada individuo para escuchar aquello que le apetezca y le salga de sus más íntimos deseos, ocultos o no. Pero volvamos al tema que nos concierne en este momento. La música que te rompe. Aquella que te hace añicos porque cada nota se clava como un puñal a traición en tu espalda. Aquellos temas que no podrás volver a escuchar durante mucho tiempo o quizá nunca jamás, porque te agita la sangre de tal forma que consiguen sacarla de tu cuerpo y te quedas sin ella, durante horas, días…o años.
Yo tengo algunos temas de esos, varios más bien. Los hay vetados por tiempo indefinido porque las lágrimas caen, al escucharlos, como cascadas del trópico. Luego están los que sé que pronto podré introducir de nuevo en mi banda sonora vital porque, ya van haciendo sus pinitos. Van muy poco a poco, pero despegan algunas estrofas de cuando en cuando del fondo de mi garganta. Y después existen otro tipo de canciones, aquellas que duelen hasta quedarte sin sentido. Esas que al escucharlas pierdes la capacidad de respirar junto a todas las facultades que te hacen sentir humana; todos los sentidos, incluida la consciencia de ti misma. Permaneces a la deriva del espacio, de la vida. Ya te quedaste sin sangre ¿recuerdas? Y ahora te quedarás sin piel, sin carne, porque en el espacio se corrompe, se desmenuza como cartón. Perderás las uñas, el pelo y los ojos se te saldrán de las órbitas. Finalmente solo tus huesos permanecerán inertes, dejados llevar por la nada, entre planetas y la vía láctea. Un esqueleto bailando a través de toda esa energía oscura. Un títere de color marfil, entre estrellas, púlsares, gases y agujeros negros. Pero seguirás escuchando esas canciones que te persiguen y obsesionan porque te lo quitan todo y a su vez permiten que sigas adelante. Son una droga a la que eres adicta, lo eres a su dolor, al que provocan esas sintonías y, no puedes dejar de escuchar los armónicos porque, son una droga de acordes utópicos que finalmente aunque desaparecieras para siempre, te acompañarían hasta el infinito. Todo ello, tus huesos y tu música, crea una sinfonía concertante en el universo, interpretada con tus sentimientos. Aunque a veces tan solo sea una ilusión.
📷 Imagen: Velvet Estef
🎆Tema: When Your Mind's Made Up de Glen Hansard
domingo, 28 de noviembre de 2021
BAILA CONMIGO
https://www.youtube.com/watch?v=HOWbjKpef_w
Hacía tiempo que no me sentaba delante del temido folio en blanco, con mi silla cómoda y mis teclas inmaculadas después de tanta limpieza y tan poca práctica. Y no es que no haya hecho uso de las palabras, tengo mis cuadernos y además, ahora hay otras maneras de escribir. Todos tenemos un móvil o una tablet en los que volcarnos de cabeza en las redes sociales para, mostrar nuestras más impúdicas desdichas y por supuesto, dichas, cómo no.
Mostrar, siempre mostrar, enseñar más allá de lo innombrable para satisfacer/nos. Queremos pensar que es un compartir inocente de fotos y/o escritos, pero nuestro ego más profundo necesita alimentar aquello que detrás de la pantalla nos hace creer que somos más válidos, más guays, más queridos. Yo misma lo estoy haciendo en este momento. Estoy desabotonando mi pecho y agarrando con esta mano invisible, el guante ciber lo que sea, para enseñarte, y enseñarme muchas veces, quizá de manera obscena, aquello que en ocasiones ni yo misma deseo ver dentro de mí. Compartimos felicidad, miedos, inquietudes, amores y desamores, las tristezas más profundas con desconocidos que a golpe de likes te otorgan la tranquilidad y felicidad de que aquello por lo que has perdido la razón, y que te ha costado la mitad de tu corazón, ha valido la pena, porque si tienes una cantidad ingente de “me gusta” en la red, todo está bien. Y así, nos lo creemos, todos.
Nos hemos perdido, yo misma me reconozco ahí, estamos desubicados entre plataformas de nombres ridículos e hilarantes como Tik Tok ¿qué es eso? ¿va en serio? No digo que tengamos que estar viendo documentales de historia, del universo, o enumerando los nobeles de física, pero hemos llegado a un punto de pornografía (permitidme esta palabra) absurda y pueril qué…a veces, deja poco espacio para aquella imaginación que nos hacía viajar, sentir, soñar, desear…e ilusionarnos. Sí, quizá yo sea una romántica obsoleta y anticuada de esas que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor. Lo sé, no es exactamente así, las redes, los cables invisibles nos han otorgado vías increíbles de conocimiento y acceso al mundo, pero a la vez se ha perdido el elemento sorpresa y de ensoñación cautivadora. Se ha dejado de cultivar la paciencia por la inmediatez. Cualquier cosa o persona está al alcance de nuestra mano, tanto que, ya no tiene ningún valor, no le damos importancia al poder acceder hasta ella. Lo siento, yo no soy de las que me cago en el romanticismo ni lo veo como algo perjudicial para la salud. Todo lo contrario. Como todo, en su justa medida lo encuentro beneficioso. Un porcentaje bastante elevado del arte tira del hilo intangible del romanticismo, aunque muchas personas deseen negarlo, decapitarlo y relegarlo al ostracismo más oculto de la belleza. Y si no, hagamos un acto de contrición todos aquellos que vivimos tirando de él, de ese hilo, aunque muchas veces sea de manera inconsciente. Creo que contamos algo más de los dedos de una mano, muchos más, me parece que ea así, si somos honestos.
Pero debo permanecer y encontrar mi lugar, intentar adaptarme. Sentir que formo parte de esta vida, de la sociedad en la que nos ha tocado vivir entre internet y la realidad. Me gustan las palabras, su belleza, aquello que son capaces de trasmitir, de hacerme sentir, ya sean las mías o las de otras personas. Expresarme y escribir. Tengo alma de escritora, aunque el nombre me quede grande, seguiré intentando hacerme, con todo mi respeto, un pequeño hueco entre las letras, las románticas siempre, por supuesto. Quién sabe, quizá un día me leas y éstas se muevan en tu tripa y, te hagan sentir emociones, sentimientos ya sean de halago, condena o repulsa. Sea lo que sea, si sientes, yo ya seré feliz por haber provocado un movimiento en tu interior.
El universo está en continuo movimiento, la vida lo hace cada minuto, cada segundo de existencia.
Eso somos, movimiento.
Baila conmigo.
jueves, 12 de agosto de 2021
Terceros latidos
https://open.spotify.com/playlist/4SwlKnltS2sdOqrf7XFSSH?si=9d12efcf40dc42f1
Sé que me has buscado. Imagino tu angustia al llegar la
noche sin noticias mías. Pasar las horas encerrado en esa habitación de hotel, en
otra ciudad, en otro país. Atacando el mini bar cada diez minutos, con la
música sonando dentro y fuera de tu cabeza.
Puedo imaginarte tumbado en la cama, completamente vestido, sintiendo el techo
caer sobre ti, aplastando tu aliento contra las frías y solitarias sábanas.
En el baño, el agua caliente de la ducha golpea con ansia las baldosas y, el
vapor, con olor a cloro, inunda la estancia creando un ambiente fantasmagórico
a la luz de la lamparilla. El alcohol comienza a verter su efecto sobre ti. Tu
visión se nubla y humedece, no sabes si lo que ves es real o no. Afuera la
ciudad sigue viva. Hace unas horas que el sol se hundió como una moneda en la
ranura de una gramola. Y todo comienza de nuevo, con otro fondo, con otro
telón, en la penumbra. Los sonidos de la calle ascienden por la fachada. Sombras
trepadoras con un instinto depredador que, buscan una presa sobre la que
derramar ese bullicio al que se enfrenta un alma derrotada.
Ya en la ducha dejas que el agua caliente diluya por el desagüe el miedo que
tapona los poros de tu piel y te impide respirar. Miras tus pies dibujados
sobre el mármol blanco, parecen asentados y firmes pero en realidad están temblando. Convulsionan sobre ese precipicio
inmaculado al borde de un abismo que succiona tu cuerpo desde abajo hacia las
cloacas de la ciudad, donde el silencio y la oscuridad podrían proporcionarte
ese estado de embriaguez que buscas en el alcohol y asépticas habitaciones de
hotel.
Te veo desnudo frente a la ventana, con una toalla en la mano, frotándote el
torso, ensimismado, con la mirada perdida, intentando redimir el frío
apaciguador de la ansiedad que caracteriza el calor del infierno que estás
viviendo. El Spotify de tu móvil está en aleatorio, salta de un tema a otro en
esa playlist que hace tanto tiempo creamos juntos en una calurosa y corta noche
de verano. Los temas se suceden proyectando imágenes en tu cabeza igual que una
película de super 8 que ha sufrido el inexorable paso del tiempo. Saltamos de
una imagen a otra entre luces y sombras con fondos en negro y primeros planos
quemados por exceso de luz. Sonrío a la cámara imaginaria de tu mente, bajando
el ala de mi sombrero mientras paseo por la orilla de un Mediterráneo en calma
y enamorado. Doy saltos por la arena fría del invierno, corro hacia ti gritando
muda un… te quiero. Beso el objetivo y te miro mientras te acercas a mí, dejas
caer la cámara sobre la arena y sigue grabando nuestros pies desnudos enredados
con un lazo apasionado. Detrás de esas bellas imágenes suena, igual que un eco perdido en un
paraje solitario, los acordes de «When a woman made a man, de Little blue Numbers»
Nuestra canción, la de bailar pegados, la de los besos interminables bajo una
luna al descubierto en el horizonte que, nos llevará de regreso al hogar
cabalgando una tras otra las titilantes estrellas.
Se te enturbian los ojos y mi imagen se disuelve entre lágrimas en blanco y
negro. Mientras, un sollozo casi imperceptible se queda atrapado entre las
paredes de tu corazón. Lo retendrá ahí en prenda, hasta que consiga encontrar
su destinataria y entregárselo. Entonces
yo podré apaciguarlo, calmarlo con el ronroneo de mis
caricias y mi voz le susurrará todo aquello que espera encontrar para el
descanso eterno de su amor, de nuestro amor.
Sigo aquí vida mía. No fui yo quien desapareció, fuiste tú el que un día comenzaste
a descender los peldaños del olvido. Ocurrió así, sin razón aparente. Aquel día
sin fecha y sin marca en el calendario no recordabas quiénes habíamos sido ni
cuánto luchamos por encontrarnos. Poco a poco la locura del abandono se adueñó
de nuestro corazón, de nuestra piel, de nuestra sonrisa y fuimos unos desconocidos que se
observaban con escepticismo las manos entrelazadas. Cuando la tierra se abrió
bajo nuestros pies nos separamos como náufragos
a la deriva, agarrados a los sentimientos que flotaban sobre las aguas
embarradas de un maremoto. Acabaste en tu propia isla solitaria, lejana,
añorando un amor que nadaba entre tu mente y mi corazón.
Desde entonces me buscas porque crees que me perdí, que me alejé de ti, que
dejé de amarte. Te equivocas. Nunca estuve tan cerca del precipicio de tu
respiración, conteniéndola para que siguiera inspirando y exhalando el aire de tus pulmones. Cerca de la
comisura de tus ojos que cierro con cariño para que descansen sus agotadas
niñas.
Puedo verte cada día mirar a través de las viejas ventanas de sucios hoteles.
Puedo ver tus ojos perdidos bajo un techo empapelado, roto por la humedad del
agua acumulada. Puedo verte caminar por las calles vacías de un futuro que está
por llegar. También puedo verte sentado en ese banco del parque al que solíamos
ir a contarnos sueños y deseos. Te veo en cualquier lugar porque estaré siempre
a tu lado, porque nuestras miradas se fijarán en la estrella más dorada del
firmamento y porque tu alma y la mía se encontraron para no separarse jamás.
Dejas caer la toalla al suelo. Te
has secado del todo. El calor sofocante otorga a tu piel un brillo luminoso. Vuelves
a tumbarte en la cama, cierras los ojos y reverbera sobre tus párpados la luz
de un neón desde la calle. Es muy intensa y mantiene a raya las sombras
trepadoras. Hoy estás a salvo. Me acurruco en tu costado y, me envuelves en
un abrazo mientras proyectamos, perdidos en la noche, cada una de las imágenes
que hemos grabado y capturado en nuestra mente.
Nos dormimos acunados por los vaivenes de la música. Tu móvil pierde a ratos la
señal y a veces se desvanece, igual que una bengala de salvamento en el cielo
Hueles a gel de baño. Ese aroma cítrico y dulce me embriaga por completo. Me
relleno de ti y tú te pierdes en mí.
Estoy aquí.
Me has encontrado, siempre lo haces.
Soy yo, tu tercer latido.
sábado, 31 de julio de 2021
La Palmera
https://www.youtube.com/watch?v=o0C4gEsStC0
La Palmera
No necesitaban pensar sus palabras. Ambos sabían qué escribirían. Cuando hubieron terminado arrancaron las hojas de sus libretas y, doblaron el papel varias veces sobre sí mismo hasta reducirlo al tamaño de un sello.
A continuación ella se quitó el colgante que llevaba desde niña; un pequeño pececillo recubierto de purpurina azul que le habían regalado sus padres. Lo depositó con cuidado sobre el pañuelo que habían desplegado en aquel suelo de tierra. Dani hizo lo mismo. En su caso se trataba de una púa de guitarra que sacó del bolsillo trasero de sus vaqueros. Sin mediar palabra se miraron a los ojos y sonrieron. Se tomaron de las manos. Él le acarició con el dedo pulgar el interior de la muñeca derecha y tiró despacio de la pulsera que llevaba. Sara repitió con dulzura el mismo gesto y le sacó el hilo trenzado. Eran de colores, idénticas, simulando en bucle un arcoíris. Tiempo atrás, cuando iban al colegio, ella las tejió para los dos, no se las habían quitado desde entonces. Las depositaron junto a lo demás, sobre aquella fina tela de seda bordada con florecillas.—¿Has traído la lata? —dijo Dani.
—Sí —contestó Sara mientras la sacaba de la mochila—. Y también el cuchillo.
Con la mano temblorosa se lo tendió.
—Tú primero —le apremió ella—. Venga, antes de que me arrepienta. Solo de imaginarlo ya estoy mareada.
Dani lo hizo sin pensar, rápido y de un solo tajo. Su mano izquierda comenzó a sangrar. Unas gotas rojas cayeron sobre sus deportivas blancas resbalando hacia el suelo.
—¿Prefieres que te lo haga yo?
Sara negó con la cabeza y tomó vacilante el cuchillo. Respiró hondo y cerrando los ojos atravesó, con aquella punta afilada, la palma de su mano.
—¡Ay!
—Duele un poco, pero se pasa enseguida. Has sido muy valiente —exclamó él.
Conocía bien la aprensión que le tenía a la sangre. Lo había presenciado cada vez que, de niños, jugando se caían y se rasgaban las rodillas.
Él tomó su barbilla para mirarla a los ojos. Las lágrimas intensificaban su color azul claro. Era como mirar el mar en un día de verano, podías perderte en ellos. Sara inclinó la cabeza hacia un lado, como si pidiera perdón por comportarse así y una tímida sonrisa se insinuó en sus labios. Dani se acercó más a ella y la besó con delicadeza. Sintió la tibieza de sus lágrimas, el sabor salado que, contrastaba con el pintalabios de cereza que siempre llevaba y a él tanto le gustaba. Al separar sus bocas, Sara apoyó la cabeza sobre su pecho y él le besó varias veces el pelo. La abrazó fuerte, intentando fundirse, cobijarla dentro de su cuerpo y al mismo tiempo hacerlo él también debajo del de ella y no salir de allí jamás. Permanecieron unidos, sin prisa, sin tiempo, sin pensar, tan solo respirándose a través de sus ropas. Ellos ya conocían sus cuerpos, pero deseaban tatuar en su mente cada milímetro de piel, de sabor, el sonido de sus latidos acelerados cuando estaban juntos piel con piel.
Se separaron, y cogidos de las manos heridas, uniendo sendos cortes, se arrodillaron ante aquel despliegue de pequeños tesoros que habían reunido. Acoplaron sobre ellas las manos libres y apretaron. Entre ese amasijo de manos y dedos comenzó el goteo caliente y denso de una promesa.
Después de meterlo todo en la lata, depositaron en aquella improvisada tumba bajo una enorme palmera la pequeña cápsula del tiempo que, encerraba un tesoro, un compromiso y una declaración. Acordaron no decirse qué había escrito el otro. Reconocían la importancia que poseían aquellas palabras y decidieron que permanecerían selladas con su sangre hasta que juntos, algún día, las desenterrasen.
A partir de ese instante pasaron a ser más que amigos, más que novios. Se habían unido de una manera que solo ellos conocerían y que nada ni nadie podría romper jamás. La enorme palmera se alzaba como único testigo; mudo, imponente, observando desde el cielo aquel ritual pagano de unos adolescentes que quisieron desafiar al tiempo y retar a la vida.
Buscó Australia en el globo terráqueo que tenía sobre la mesilla, solía hacerlo, aunque sabía perfectamente dónde se encontraba: hemisferio Sur, océano Pacífico. Tumbada boca abajo en su cama, presionaba de forma intermitente el interruptor que, daba luz a aquella esfera terrestre que conservaba desde niña. Rozaba con la punta de los dedos la masa de tierra al otro lado del planeta y que cuando apagaba su luz desaparecía. No conseguía que sucediera lo mismo con su tristeza. Aquel día, el día en que se hicieron una promesa y se unieron en algo más que un cuerpo o palabras, dejaron mucho más que su amor dentro de aquel sepulcro a los pies de una palmera centenaria.
Dani se marchó un año después a vivir a Sidney. Su padre fue trasladado por trabajo a un destino definitivo. Nunca volverían a España.
Rotos por el dolor e impotentes ante algo que el destino había decidido por ellos, nada había que pudieran hacer. Se prometieron no olvidarse, mantener el contacto y en cuanto pudieran viajarían para verse.
Durante varios años, se cartearon y se llamaron por teléfono con infinitas conversaciones que casi provocan la ruina para sus padres. Pero poco a poco, el tiempo resultó implacable y la distancia, que ya era enorme, creció. Las cartas se espaciaron y las llamadas se fueron reduciendo a fechas señaladas. La vida continuaba incesante. Sara estudió ciencias del mar. Siempre le fascinó la idea de marcharse con algún grupo de biólogos en un barco y ayudar a preservar la vida marina.
Dani quería ser músico. También lo tuvo clarísimo desde pequeño y soñaba con tener su propia banda indie. Pero sus padres insistían en que iría al conservatorio o no tenía nada que hacer. Así que siendo prácticamente un crío, comenzó sus estudios de música.
La vida los había separado. Tuvieron que dejar a un lado el amor que sentían, relegarlo a un lugar de su corazón en el que quedaría oculto, pero no olvidado porque existía un hilo que los unía; tejido por aquel inocente acto furtivo, sincero y mágico que, llevaron a cabo con poco más de diecisiete años.
Sara acabó su carrera y se enroló en un barco con un grupo de científicos que se dedicaban a proyectos de recuperación y conservación de especies marinas. Pasaba mucho tiempo en alta mar, sin ver a su familia, pero no le importaba porque hacía aquello que le gustaba y era feliz. Durante sus viajes, por las noches, pasaba horas en cubierta al abrigo de las estrellas. Dicen que en mar abierto, las estrellas fugaces poseen más fuerza. Sara no dejaba de buscarlas para pedirles un único deseo.
Al otro lado de ese mismo cielo, Dani también terminó sus estudios y, a regañadientes de sus padres, consiguió formar su ansiado grupo de música. Se llamaban, Hope.
Solían tocar gratis a cambio de cervezas en pequeños locales de la ciudad. Poco a poco se fueron abriendo camino, eran buenos y conseguían llenar todos los garitos en los que actuaban. Durante una de sus actuaciones, un cazatalentos que frecuentaba estos locales, quedó fascinado por la profundidad de sus letras. Les aseguró que, con una maqueta de al menos diez temas con ese ritmo, indie folk, garantizaba la grabación de un disco. El sello era aún poco conocido, pero en unos meses aquella discográfica alcanzó el mercado internacional.
Sara los escuchaba a todas horas. En el barco no sonaba otra cosa. Cuando sus compañeros, cansados de las mismas canciones cambiaban de emisora, terminaban cediendo ante ella porque, veían como sus ojos buscaban un lugar donde perderse.
Dani tocaba la guitarra y el violín. La voz no era lo suyo. Componía las melodías y escribía todas las letras con las que terminaban hipnotizando al público. Su música poseía un rasgo indispensable para un artista, alma. Y esa alma, a su vez, poseía otro rasgo necesario para crear belleza, amor.
La gira sería sencilla, con ciudades elegidas estratégicamente para promocionar el disco en Europa, así como los nuevos temas que Dani iba sacando sin parar. Al fin sentía que podía expresar, sin ningún tipo de filtro, todo aquello que necesitaba decir y gritarle al mundo.
Sara estaba tan emocionada cuando se enteró del concierto que, corrió a su camarote para conectarse a internet y comprar una entrada. No podía perder tiempo, pues solo tocaban una vez en cada ciudad y por exigencia del propio grupo, siempre en locales no demasiado grandes. No querían convertirse en ese tipo de bandas que anteponían el dinero a su pasión.
Sara entró en la página compratuentradaya.com. La conexión fallaba, lo volvió a intentar. Así varias veces durante la tarde. Maldijo a Neptuno y también a las sirenas. Después de unas horas, finalmente, la consiguió. Se sorprendió de que el precio fuese tan asequible y le gustaba el lugar escogido, La Rambleta. Ya había asistido a conciertos allí. La acústica era buena y la organización también, pero algo ensombreció esta alegría. No había conseguido asiento en las primeras filas, pero con aquella maldita conexión fallando no pudo cambiarlo. No dejaría que ese detalle acabase arrebatándole de un plumazo lo que ahora sentía. Iba a ver a Dani. Después de tantos años. ¡Y subido a un escenario! Quizá podrían verse, hablar y tomar algo tras el concierto. Intentó ponerse en contacto con él durante los días siguientes, pero la cobertura era malísima y no lo consiguió. Hacía muchísimo tiempo que no hablaban. Sabían el uno del otro por sus padres que sí mantenían un contacto más fluido. Ahora conocía más cosas de él por los medios, aunque era muy discreto y no se prodigaba mucho por las redes sociales. Llegaría al puerto de Valencia con el tiempo justo para ducharse e ir directa al concierto. Por suerte las fechas en el trabajo le cuadraron y además, ahora iba a tener unos días libres. No pudo evitar fantasear con la idea de que quizá él podría quedarse en la ciudad. Dani, su gran amor, su único amor. Ningún chico le había hecho sentir como él. Nunca se había vuelto a enamorar. Pero quizá él sí. Imaginaba que habría tenido amigas o novias, igual que ella había conocido chicos durante estos años. En realidad no sabía apenas nada de su vida privada. Casi eran unos desconocidos.
Se acercó a la taquilla y preguntó si por casualidad su nombre aparecía en la lista Vip. Quiso probar suerte. No ocurrió tal cosa y pensó que, su amigo, se había olvidado de ella. Rápidamente se sacó esa idea de la cabeza. Solo importaba que estaba allí y que lo vería.
Se dirigió a su asiento, con el corazón alojado en su garganta mientras se frotaba la palma de la mano. Lo hacía cuando estaba nerviosa, masajear aquella pequeña cicatriz la relajaba.
Las luces se apagaron y un solo de violín envolvió la sala como un abrazo. Aquellas hermosas notas en la oscuridad emocionaron al público. Sara sintió lágrimas rodar por sus mejillas y el latir acelerado de su corazón. Varios minutos más tarde las luces se encendieron y el grupo comenzó a tocar. La gente se deshizo en aplausos. Desde aquella distancia no veía bien su rostro, pero lo conocía perfectamente. Estaba guapísimo. Vestía de negro con un chaleco morado. Los temas se sucedían sin pausas, no dejaban de tocar y cambiar instrumentos. Ella coreaba aquellas letras que se sabía de memoria. Hablaban de amores lejanos, de corazones rotos, de encontrar la persona amada al otro lado del mundo, de desear respirar a través de unos ojos azules como el mar. El concierto parecía haber llegado a su fin cuando el grupo se despidió y abandonó el escenario. Dani volvió. Se sentó solo en un taburete alto, cogió la guitarra y deslizó su mirada entre el público. Dijo con una sonrisa que, se atrevía a cantar porque el tema que interpretaría a continuación era muy especial para él. Su título, Under the palm. Fue entonces cuando a Sara se le paró el corazón.
La salida se convirtió en un hervidero de fans. La gente se agolpaba en el lugar por donde pensaban que saldrían. Todos querían ver al grupo, hacerse fotos y pedir autógrafos. Ella se hizo a un lado y se sentó en unas escaleras, le temblaban las piernas. También quería ver al grupo, en realidad solo quería ver a Dani. Esperó. Pasó el tiempo y la gente se fue disolviendo. Transcurrió una hora, era improbable que fuesen a salir por ahí, eso estaba claro.
No podía creer que lo hubiera tenido tan cerca y no verlo. Desolada decidió marcharse a casa. No podía dejar de llorar, sentía rabia, tristeza. Le dolía el corazón y la palma de la mano. Pensó en esa canción «¿por qué la habría escrito si ya no quería ni verla?» Una oleada de calor le recorrió el cuerpo, la abrasaba. Decidió ir allí, a ese lugar que hace años significó tanto para ellos y desenterrar aquella ilusión. Quería quemarla.
Contuvo el aliento cuando llegó. Ya no había tierra, lo habían asfaltado, convertido en un paseo de cemento. Horrorizada dirigió su mirada a la palmera, solo quedaba un poco de tierra alrededor de aquel tronco. Lo acarició con tristeza, sintiendo como se asfixiaba, igual que ella. Todo había quedado sepultado bajo el cemento, aquella amistad, su amor de juventud.
—No está ahí —dijo una voz a su espalda.
Se giró y del sobresalto casi pierde el equilibrio. Era Dani. Sin dudarlo y sin dejar de llorar corrió como una niña a sus brazos.
—Eh, chsss —susurró mientras le acariciaba el pelo.
—Pensaba que no te vería. Yo…esa canción. Nuestra capsula del tiempo, mi mano, este cemento.
Sara sollozaba. Dani la separó con delicadeza, alzó su barbilla para mirarla a los ojos. En esta ocasión fue ella quien se perdió en los suyos color avellana. Eran tal y como los recordaba, cálidos como el fuego de un hogar.
Él sacó algo del bolsillo de su cazadora.
—Me la llevé. Cuando supe que me marchaba, la desenterré. Siento no habértelo dicho, Sara. Necesitaba llevarme esta parte de nosotros. Jamás la abrí, solo deseaba tenerla cerca.
Se sentía algo mareada, confusa. Feliz.
—Ábrela, Sara —insistió.
Dani le secaba las lágrimas con el pulgar mientras acariciaba su rostro. Allí estaban los colgantes, las pulseras, los papelitos amarillentos por el paso del tiempo. —Lee mi nota —dijo él.
Con un hilo de voz, Sara leyó:
—Todas las canciones que escriba en mi vida serán para ti. Siempre serás solo tú.
Dani desplegó el suyo:
—Mi sangre ya no me pertenece. Es tuya, pues solo tú posees mi corazón.
Se encontraron de nuevo, bajo aquella palmera, entre la música de sus latidos y los besos sabor cereza. Habían vencido al tiempo.
lunes, 5 de octubre de 2020
Tita Loli
https://www.youtube.com/watch?v=2gsmZ-UZAA4
Ella no miraba la vida igual que los demás, ella tenía unas
gafas para ver la realidad. Con un cristal que brillaba y reflejaba la
esperanza. Grueso, para albergar el amor. Con montura de pasta, fuerte, igual que los deseos
que, enganchaba a sus orejas, como unos pendientes
de ilusión. No eran gafas de visión especial, sino espacial, porque siempre
miraba un poco más allá, a través de las estrellas y se adelantaba a su tiempo,
con actitud y pensamientos. Así atraía el corazón de muchas personas, porque
había ternura y frescura en los pasos que daba por este asfalto, a menudo gris
y opaco. Cada día se maquillaba, tan solo, con una sonrisa en los labios y se vestía
con trajes de optimismo que, ella cosía con su máquina de color verde a la luz
de un flexo plateado, con el sistema de corte Martí, jaboncillo, regla y metro
en sus manos. Siempre me he preguntado de dónde sacaba la energía, el humor
para enfrentarse a las vicisitudes y
disfrutar de la vida.
Un solo hijo parido de sus entrañas, un regalo del cielo, un angelito de ojos vivos
y pelo negro. Construyó a su alrededor, para que nunca se sintiera solo, una
familia numerosa, igual que una manada de lobos. Con un corazón que no le cabe
en el pecho, ese hijo leal, servicial, amigo de sus amigos, cortés y digno de confianza,
la amó y cuidó hasta lo imposible y quizá, más allá. Y por este camino que, a
menudo no fue fácil pero sí feliz, dijeron adiós a un padre y un marido que,
los amó hasta el final.
Me viste crecer, madrina, cuidaste de mí y me guardaste secretos; como dejarme
la bici de mi primo cuando él no estaba, qué importante me sentía; o intentar
convencer a mis padres para que me dejaran ir de campamento. Sé que me querías
como una madre, pues tu hijo era mi hermano, siempre lo será. Así lo educaste y
así nos mirabas cuando estábamos juntos.
Volverás a tomar el té con tus hermanas y hermano, calentito y con mucha
hierbabuena. Puedo oler el aroma del té
moruno, las galletas, y la música de fondo, tarareando y endulzando las
meriendas. Mi madre siempre sonreía cuando estaba contigo, es posible que se
contagiara, o quizá, tan solo, le encantaba compartir aquellos momentos con su
hermana Loli.
Una vez, por mi cumpleaños me dedicaste una canción, Un beso y una flor. Ya tenemos una que compartir tú y yo, además de
muchos recuerdos y todo el cariño.
Ahora ya has saltado el fuego de la ley, y lo has hecho como tú querías;
vestida de rojo, con la pañoleta celeste a tus pies y tus votos, deseos o
juramentos escritos y enrollados entre tus manos.
Te has marchado tranquila y en paz con el mundo. Descansa, es el momento. Yo te
recordaré así: Valiente y Feliz.
Tu promesa toma ahora el relevo.
Siempre lista.
Siempre listo.
Adiós, tita Loli, feliz regreso al hogar.
In memoriam +
Melilla, 21 de abril de 1940 Valencia, 25 de agosto de 2020
miércoles, 22 de enero de 2020
ÉIRE
https://www.youtube.com/watch?v=jaA1oNoO0Jg
Miró hacia abajo y vio sus pies desnudos perderse entre la hierba. La brisa llegaba fría desde el mar, pero no le importaba, le gustaba sentir aquel abrazo casi helado en su piel. Se había desprendido del chal de lana y las botas que llevaba en algún lugar del camino cuando divisó los acantilados. Conectar de esa manera con la naturaleza le provocaba un estado de infinita felicidad. Se sintió rodeada de todo lo que ella era. El viento comenzó a crecer entre nubes blancas y grises, silbaba cortando el silencio, cantando la melodía de lluvia que estaba a punto de caer. El mar se levantaba majestuoso. Con el orgullo proveniente del océano, aplacaba la pasión contenida en su interior estrellándose y dibujando mapas blancos contra las rocas oscuras. Todo aquello sucedía también en su interior y sabía lo que tendría lugar de un momento a otro. Una fina lluvia comenzó a caer desde el cielo. Otra ascendía desde el mar y en un punto invisible, delante de ella, se encontraron aquellas gotas diminutas y resplandecientes como diamantes; todos los colores del arco iris danzaban sin cesar en aquel hermoso baile. Su cuerpo comenzó a transformarse en una sustancia ligera, se sentía liviana y completa a la vez. Se había desprendido de la materia que la envolvía, la que podía sentir el frío, el hambre y la sed. Ella era parte de aquel sonido en los acantilados. Ella era la canción que nacía de la voz del mar y el viento, la melodía de su hogar que, hacía brillar su corazón de color verde esmeralda.
*Imagen tomada de internet. Acantilados de Moher, Irlanda
sábado, 29 de junio de 2019
ALGUIEN DIJO UNA VEZ
https://www.youtube.com/watch?v=JFLWUd7ylQs
Alguien me dijo una vez que mi casa era mi templo.
Te invito a entrar.
Deja tus manos descasar en mi regazo.
Instala allí tu corazón,
en el lecho apacible de mis abrazos.
Reposa tu cabeza cansada en mi pecho y,
calmaré tu tristeza con la ternura de un beso.
Podrás al fin cerrar tus ojos,
no tengas miedo, pues yo te guardo.
Las penas serán olas disipadas en la orilla,
en la orilla de mis palabras, mecidas por la brisa.
Sabes que a mi lado estás a salvo,
porque mi amor será bote, será madera,
será aquello que en la oscuridad te ilumina.
Una bengala al viento
sobre nuestros desnudos cuerpos,
ella nos vestirá de colores,
mientas a tu lado me tiendo.
Y tu risa será melodía tejida en el cielo,
pintando tu rostro y el mío en cada beso.
No niegues lo inevitable,
ríndete ante lo certero,
porque sabes que te quiero,
tanto que por ti muero.
El mañana es hoy,
hoy es el instante.
Ese, sí.
El instante del que por ti
soy preso.
Alguien lo dijo,
y yo solo repito sus versos.
Ven, te invito,
pues en mis labios
no hay palabras,
solo hay besos.
* Imagen de la película, Adrift
sábado, 18 de mayo de 2019
PIEL DE TIGRE
Las palabras aparecen rotas allí donde se acumulan los recuerdos. Esa y no otra es la razón por la que hasta ahora no podía escribir.
Hace tiempo tomé una decisión, no volver a cerrar los ojos; no seguir caminando dormida.
Una canción te ha traído de nuevo al borde de mi piel, o quizá haya sido el viento, no importa. Intentas arrebatarme las páginas nuevas de mi vida. Lo haces bien.
He llegado a pensar en quemarlo todo. El último incendio que presencié estaba rodeado de miedo. Esas cinco letras giraban danzarinas alrededor de las llamas que provocaste. Me quemaron los ojos y estuve ciega durante mucho tiempo. Probablemente lastimaron también mis oídos, pues no escuché el grito que, desde lo más profundo de mi ser, intentaba alcanzar mi corazón.
Hoy sé que puedo curar las palabras, pegarlas una a una.
Las cicatrices son el éxito de nuestra hermosa fragilidad a lo largo de la vida. Igual que en el Kintsugi, ese maravilloso arte japonés en el que todo aquello que se rompe cobra mucha más belleza al ser reparado. Realzan cada una de las grietas con una resina o barniz espolvoreados de oro para hacerlas visibles y luminosas, igual que la piel de un tigre.
El poeta Rumi decía que, la herida es el lugar por donde entra la luz.
He comprendido que no sirve de mucho intentar dejar atrás el pasado como algo que no forme parte de ti. Que luchar para olvidar implica conflicto con uno mismo y con todos los que te rodean.
Así que he dejado de hacerlo.
He dejado de luchar.
La aceptación desde la comprensión, y el perdón hacia los demás, pero sobre todo hacia uno mismo, es el metal más valioso con el que pegar cualquier tipo de herida, cualquier tipo de palabra.
Si he de escribir nuestra historia mil veces, lo haré, pero ya no habrá condena para mis sentidos.
Te conozco.
Tú, soy yo.
El pasado camina a mi lado, no sobre mí.
Soy libre.
*Imagen: Internet
viernes, 2 de noviembre de 2018
LA GUÍA
https://www.youtube.com/watch?v=z7MGVo26Yz0
Aún no la he abierto, no porque no haya creído necesitarla decenas de veces, sino porque lleva unas complejas instrucciones de uso.
Un día dediqué tanto tiempo a intentar descifrarlas que, acabé olvidando lo que me angustiaba para volcar mi ansiedad en aquellas palabras. Parecían estar escritas en un idioma antiguo, con símbolos y caracteres incomprensibles. No se me dan bien los idiomas, así que he ido postergando, con auténtico pesar, aquello que podría salvarme de llevar una vida mediocre.
Una particularidad de estas instrucciones es que se abren como un desplegable. Por lo que pude apreciar en las diminutas ilustraciones que iban impresas en vertical a la derecha de la extensa leyenda explicativa de ellas mismas, intentaban marcar un orden de uso, algo que a mí, sinceramente, me parecía un jeroglífico.
Se trata de un folleto tipo prospecto, como el de los medicamentos, esos que si los lees hacen que empeoren tus síntomas y enfermes mucho más. Esos que son imposibles de volver a plegar sobre sí mismos cuando la cabeza, el estómago o la espalda está a punto de estallar bajo tu epidermis; y las náuseas se agudizan, retorciendo el dichoso papel impreso entre tus manos temblorosas, sudorosas y aturdidas. Creo que solo un ingeniero de la NASA sería capaz de conseguirlo, devolver aquel intrincado de laminado papel a su estado inicial, para guardarlo en la caja de la que nunca debió salir.
Por prescripción facultativa, nunca leas el prospecto de un medicamento o serás carne hipocondríaca macerando ante un lenguaje indigesto de vademécum.
De manera que tengo esta llamémosle «guía de supervivencia para sobrevivir» y me aterra enfrentarme a ella, cuando no tengo ni idea de cómo afrontar mi propia vida repleta de miedos e inseguridades.
Irónico.
Quizá sea una excusa.
Sí, seguro que es una excusa, como tantas otras que nos ponemos para no salir de la zona de confort que hemos y han construido para nosotros. Anestesiándonos con decenas, centenas y millones de mensajes subliminales que devoran como la lepra nuestro autentico Ser. Y de esta manera, seguir así, lamiéndonos las heridas, poniendo tiritas caducadas en cada arañazo y golpe que te ha propinado la vida, y que tú mismo has llamado a través de una megafonía enganchada de los pulmones a un universo expectante de nuevas y flamantes víctimas. Gritándole al mundo: «mira cuánto sufro y he sufrido» Y de esta manera caminar agachando la cabeza, porque la losa que tú mismo te has puesto sobre los hombros la encargaste a medida, de tu talla, para el resto de tu vida. El día que decidiste ser esa víctima.
He salido a dar una vuelta, la llevo en el bolsillo, la guía de supervivencia, con sus instrucciones.
Hoy no hay viento, quizá me atreva a desplegarla. Me sentaré en el suelo de cualquier plaza o parque bajo el sol de otoño, e intentaré comprender por qué la vida, al menos la mía, necesita una guía.
He visto que en negrita y cursiva, en la parte inferior de las instrucciones y en letra muy pequeña marcada por unos asteriscos dice:
*Marrón: este color representa diferentes alturas del relieve.
*Negro: este color es usado para señalar las curvas del nivel, los límites del Estado, las ciudades, las líneas férreas y los nombres en general.
*Rojo: este color se usa para identificar las vías de comunicación, las instalaciones industriales y la población.
*Azul: se usa para referirse a las aguas, como los ríos, lagos, mares, cascadas, entre otros.
*Verde: este color se usa para identificar la capa vegetal, como los bosques, las selvas, sabanas, entre otros.
Dejo caer la guía al suelo.
Mi mano se desploma.
Otra vez han desordenado los estantes en la librería.
Ahora que la había desplegado…
Quizá sea una señal.
Quizá sea hora de emprender un viaje.
Un viaje al centro del corazón.
Imagen: Internet
domingo, 12 de agosto de 2018
SOLTAR
¿Cómo saber que ha llegado ya? ¿Acaso es necesario cortar el cordón umbilical para siempre cuando las emociones te arrastran incesantes hacia los recuerdos?
Los recuerdos no existen.
De alguna manera al almacenarlos y traerlos al momento presente nuestra mente los hace reales, espejismos con los que podríamos seguir viviendo el resto de nuestras vidas.
Cuando te niegas a dejar atrás, en definitiva, a soltar, solo te haces daño a ti mismo creando una falsa realidad en tu cabeza. Nuestra mente es muy tonta y se cree todo aquello que le decimos, por lo que una persona podría vivir (algunas lo hacen) de recuerdos, e incluso de recuerdos ficticios, durante toda su vida.
Desde luego esa no es la situación más deseable para ninguno de nosotros.
Todo aquello que hemos experimentado a lo largo de nuestra vida, su única función consistía en traernos al momento presente.
Aquí y ahora.
Todo, absolutamente todo.
Lo único que vives es el ahora.
La señal aparece un día cualquiera. Si tienes los ojos bien abiertos serás capaz de identificarla y si no, es posible que vuelva a aparecer más adelante, cuando estés preparado. Puede llegar de distinta manera, más o menos dramática, sencilla o dolorosa, pero llega, siempre llega.
En mi caso se trató de un cuchillo afilado en el corazón. Se clavaba una y otra vez, desmembrando, desollando y matando cualquier resto de luz que pudiera existir por lo sentido y vivido.
Hasta ahora me negaba a creer que eso fuese posible.
El amor siempre sería más fuerte.
El amor sería capaz de vencer las más dura batalla.
Y aunque a mí me pareciese en ese momento cruel y no lograra comprender, el amor, se confirmó como ganador.
Me ha costado mucho verlo. Ser consciente de que no había ninguna lucha. No había batalla que desempeñar, ni tan siquiera discusión en la que enzarzarse. Solo debía abrir los ojos para darme cuenta de que todo ocurre por una razón. Y de que la razón más importante es la que sigue provocando que mi vida sea esta.
El amor.
No sé explicarlo mejor, podría haber esperado a que las palabras llegaran, pero he sentido que necesitaba decirlo en voz alta.
Todo está bien.
Todo es perfecto.
Todo es como debe ser.
Soy quién y cómo debo ser, con lo que la vida me ha ido poniendo delante. En ocasiones generosa, en otras me ha mostrado sus manos vacías, provocando en mí estados de tristeza o desesperación.
De nuevo otra lección más que debo aprender para ir completando mi alma. El perdón.
Este es el momento.
Echo la vista atrás y me paseo tranquila por los acontecimientos vividos, sin peso, sin carga alguna. Repaso mentalmente y con el corazón en la mano todo aquello que te ha sucedido, lo que me ha ocurrido a mí y también al mundo. Y lo dejo ahí atrás, desde la paz. Con esta calma que últimamente se sienta a mi lado. Sin miedo.
Mi viaje, que se inició hace muchos años, sigue siendo un maravilloso aprendizaje en el que no dejo de conocerme mejor, de sanarme y sin duda alguna de aproximarme poco a poco a esa luz que toda alma aspira alcanzar.
La luz del auténtico Hogar.
*Fotografía de Graciela Portilla
martes, 7 de agosto de 2018
MAMÁ
Pero era un cielo de placas de escayola.
El diagnóstico, al igual que el de un electrodoméstico estropeado, llegó con palabras incomprensibles que zumbaban en nuestros oídos. Y aquellas sonrisas -todo irá bien- mientras los dientes se les salían de los alvéolos, resultaban grotescas; con aquellos ojos desorbitados después de una guardia de 24 horas.
Entonces te vas con las palabras grabadas en tu memoria
-todo irá bien- que se repiten como la canción pegadiza de ese verano.
Pero cuando te has tragado el estómago y lo está digiriendo tu intestino delgado, para después deshacerse de él en aquél aseo compartido con unos desconocidos, y se perderá entre los residuos de algún tipo de depuradora de desechos en el sótano de aquel vasto edificio impersonal y monstruoso, la vida, tu vida, comienza a parecer irreal.
Ya has perdido tu estómago, y con los días que se avecinan, no será el único órgano que se romperá o desmembrará mientras la ves, día tras día, debatirse entre la vida y la muerte. Entre el dolor y las reacciones a decenas de fármacos; temblores, sudores fríos, alucinaciones, agresividad, negación, frustración, terror.
Y tú, nosotros, quienes la amamos, queremos confiar, pero la señora con la sombra vuelve, y nos dice y nos desdice. Y entonces sientes que tu mundo se desintegra porque ella es todo, es quien te dio lo más grande, te dio la vida y todo lo que va con ella.
Y lo peor, compartes el dolor…el miedo, con la impersonalidad. Con la indiferencia. Con la soledad.
Tú, nosotros, solo podemos besarla, abrazarla y decirle que sea fuerte, que luche. Y ella te dice -tengo miedo de estar aquí, no quiero irme, quiero estar con mis hijos. Me siento joven- Y tú lloras lágrimas por dentro que van directas a tus tripas porque ya perdiste el estómago, y pronto te quedarás también sin garganta de tanto gritar desde la calle -dónde está Dios, ven y sálvala- No debe marcharse, aún no.
Y vuelve la señora con la sombra y te dice que todo ha empeorado que no saben y que es posible que ocurra. Y tú, nosotros, perdemos un pulmón, nos quedamos sin aire, y un trozo de corazón porque si ella muere, se lo llevará para siempre. Y así nos encontramos, los 4 hermanos, mutilados para siempre bajo la noche de estrellas de leds con un techo de escayola.
Y rezas, o hablas con el universo, o con quien sea que haya, o con nadie, quizá solo con tu consciencia y pides, suplicas de rodillas en aquella playa en la que ella se tumbó siendo joven y hermosa, con labios rojo carmín.
Y suplicas que vuelva. Aún tiene algo que hacer. Debe darnos algo más a cada uno de nosotros antes de emprender el viaje sobre el camino de baldosas amarillas.
Ya tiene sus zapatos, sí, de color rojo, su colcha mágica y su perro.
El viaje a la ciudad Esmeralda lo hará con alegría porque su alma es pura, siempre lo ha sido.
Ella sabrá cuando es el momento, no la señora de la sombra con nariz de bruja…
Nos veremos en Oz, pero mientras seguiremos bailando contigo bajo las estrellas, las del cielo de verdad. Corriendo por tu playa con los pies descalzos y disfrutando del olor a mar que trae la brisa al acariciar tu rostro. Compartimos órganos, nos los diste al nacer, y ahora nosotros te los damos para que vivas hasta que el tornado de algodón de azúcar te lleve donde mereces estar, en tu Hogar.
Te queremos, Mamá.
domingo, 29 de julio de 2018
MAREA VIVA
He visto en qué te conviertes cuando ella posa su mano blanca sobre ti. Se rompe tu transparente piel, y tus entrañas se esparcen sin pudor sobre la arena.
Puedo escuchar tus gritos de angustia, igual que los de una madre cuando le arrebatan a su hijo.
Y es hoy, al día siguiente, cuando comienzas poco a poco tu baile para vengarte y recuperar cada gota sin cuerpo. Clamas ayuda al cielo que, sin pensarlo acude agitando el viento, arrojando nubes oscuras cargadas de ira.
Loco, te vuelves loco y en cada nueva embestida alargas tus dedos de espuma, para recuperar todo aquello que te pertenece.
Eres magnífico.
El único ser capaz de dar y quitar vida.
El único capaz de recuperar cada parte de sí mismo.
El único que puede debatirse entre locura y cordura, siendo siempre vencedor.
Bondadoso anfitrión cuando te lo propones.
Tan solo ella consigue alterarte, Mar, cuando te reta en duelo las noches de Luna Llena.
sábado, 14 de abril de 2018
HOGAR
https://www.youtube.com/watch?v=xG0Wa3aJm6g&list=RDMMxG0Wa3aJm6g&index=1
Lleva un tiempo con el agua al cuello.
Se estira.
Se pone de puntillas e intenta coger aire. Mantenerlo en sus pulmones, relajarse, bailar descalza.
Amante líquido con quien sueña en las horas oscuras, discurre rutilante por su piel creando estanques en las comisuras de su cuerpo.
La seduce con el agua dulce de los ríos, acunándola en un abrazo transparente. O arrastra olas desde los océanos, y viste con blanca sal su cuerpo.
Pero no es suficiente. Cada molécula de agua espera paciente el hambre o la sed. Entrar dentro, mirarla a los ojos del alma y que se quede en su profundidad para siempre.
Intenta besarla.
Nunca antes lo hizo.
Roza sus labios con el mar.
La fragilidad y el anhelo abren su boca con ansia y la última bocanada de aire que la mantiene despierta se diluye. Está expuesta a horcajadas ante mares y océanos, y el agua roza su paladar con dedos lascivos de coral.
Es su Ser lo que desea.
Antes de poseerla también por dentro, se recrea en su húmeda cavidad, admira la belleza roja del sonido que le atrae de su interior. Un vibrato en do sostenido que poseen los encarnados. El eco de la existencia física.
Y ella se bebe ese mar.
Lo hace poco a poco, a pequeños sorbos.
Se bebe la vida, con los ojos cerrados.
Ya no tiene miedo.
Ha vuelto a casa
sábado, 2 de diciembre de 2017
A PUNTO DE NIEVE
He encerrado tus palabras debajo de mi piel.
Las até con el aroma dulce de tu recuerdo,
batiendo a punto de nieve tu imagen inmaculada.
Abro así de nuevo las fauces de mi destino,
dejando entrar a chorros un manantial anónimo de emociones.
después de un coma profundo en el que me perdí entre transfusiones de amor inyectadas en vena.
Ahora lo veo claro.
Enfermé.
Imagen: The Fountain
jueves, 17 de agosto de 2017
QUE MAÑANA SEA HOY
Y regado tu aliento con el deseo que encierra mi boca.
Hoy podría haber besado tus labios
paso fronterizo a los países de tu cuerpo.
Y acunado tu mente entre mi pecho,
mordiendo tu cabello
que sabe a tormenta sobre el mar del invierno.
Hoy podría haber cosido tu cuerpo al mío
como una vela izada a los vientos,
y lamido tus palabras de terciopelo.
Hoy podría haber viajado atrapada en tu mirada
lejos,
y desnudando mis sentimientos te diría:
te quiero.
Imagen: Winter Song
Tema: https://www.youtube.com/watch?v=pm4FjTR3jWg
lunes, 20 de marzo de 2017
POEMA A LÁPIZ
https://www.youtube.com/watch?v=M8Wt3dhF4fU
Tengo un lápiz en mi dedo
con la punta chata y roma,
como el lápiz de un carpintero.
Tanto he escrito ya de mi vida
con letra gorda gris claro,
como una sombra
que se desliza por mi mano.
No distingo letras
pues ahora son solo trazos.
Cojo la cuchilla
y lo afilo hasta el hueso,
donde la punta se afina
y poder escribir así algunos versos.
Entretanto me divierto garabateando,
vertiendo la sangre roja y
el carboncillo negro.
Se quedan ahí las palabras
que nacen de mi dedo,
las pasiones en púrpura y
los dolores de duelo.
Ayer me comía las uñas,
debajo estaban los versos.
Intentaba llegar a ellos
tragarlos para decirlos,
cuando llegue el momento.
Pero yo no escribo poemas,
tampoco versos.
Y aquí estoy
entre la sangre y el lienzo,
jugando a ser escritora,
cuando tan solo
me corto los dedos.
Foto de Velvet Estef.
Barrio del Carmen. valencia.
sábado, 21 de enero de 2017
ESTOY ESCRIBIENDO UNA HISTORIA
https://www.youtube.com/watch?v=DaH4W1rY9us
Estoy escribiendo una historia.
No habla de ti
y tampoco de mí.
Estoy escribiendo una historia,
todo seguido,
que corre por los pasillos
detrás de las palabras.
Y echo de menos las rimas
asonantes,
las consonantes,
con metáforas
que guardo
dentro de una caja.
El símil,
me acecha
detrás de una página.
Estoy escribiendo una historia,
y tengo que guardarme
en el bolsillo
la retórica y
ser estoica.
Contar los hechos,
sin versos,
con punto y
seguido.
Diálogos,
guiones,
giros y
puntos de vista.
Estoy escribiendo una historia,
Y a veces me revelo.
Imagen de la película: Un puente hacia Terabithia
Tema: Oats in the water de Ben Howard
viernes, 26 de agosto de 2016
LA MUERTE
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Desde ese momento un sinfín de vivencias nos esperan como un libro abierto de aventuras que, se sucederán a lo largo de nuestra vida e iremos pasando páginas y seremos los protagonistas de nuestra historia, queramos o no. Y nos educarán de la mejor forma posible para que las sintamos, para que disfrutemos cada instante sea del tipo que sea. La vida no siempre es de color de rosa. Pero la belleza está latente en cada paso que damos, en cada gesto, en cada respiración. Si nos detenemos un momento, si ralentizamos el motor están ahí, palpitando a cada golpe de vida. Como dice aquella frase de película, “la vida es una caja de bombones y nunca sabes cuál te va a tocar”
Los hay dulces, también los hay con sabores inimaginables; estos son capaces de evocarte situaciones y momentos del pasado, incluso pueden transportarte a lugares de ensueño. Pero también están los amargos, los que pican en tu lengua como mil ortigas que se clavan a la vez. Entonces piensas que, si comiendo otra de aquellas tentaciones de chocolate podrás borrar de tu paladar el sabor que ha dejado como una apisonadora de dolor. Y elegimos nosotros mismo ante aquella caja abierta si seguir o no. Decidimos, tomamos consciencia de lo que deseamos hacer.
Ojalá todo fuese tan sencillo como eso.
La vida es en blanco y negro. Dolor y alegría. Lo intermedio es mediocre.
Pero aquellas personas que en su mejor hacer intentan guiarnos, y me consta que es una labor compleja digna de medalla, hay algo para lo que nunca nos preparan, y es para lo único cierto de nuestra existencia. La muerte. No hay bombones de ese sabor envueltos en papel brillante, ni adornados con semillas de frutos exóticos, tan siquiera aquellos rellenos de licor.
La muerte se esconde bajo el papel dorado del cartón prefabricado con forma de corazón.
Nadie sabe qué le deparará la vida. Aun tomando nuestras propias decisiones, los cruces de caminos son tan insospechados que en ocasiones no poseemos todas las cartas para echar una partida. Y muchas veces no somos capaces de mantener la cordura del alma. Entonces hablamos de destino y casualidad.
Yo creo que llegamos aquí con un contrato, con una serie de intervenciones que debemos hacer y cuando las cumplimos, tengamos la edad que tengamos, nos marchamos. Muy probablemente no seremos conscientes de aquello que hemos hecho, de todo lo que hemos aportado a las personas que nos rodean y de cuánto dejamos de nosotros en este mundo, pero a mí esta manera de pensar me alivia, me da paz el pensar que cuando me marche habré cumplido con el propósito de mi vida, que además de disfrutar de ella, otra de mis labores era hacer regalos a mis semejantes y seres queridos.
La vida es un milagro, un don maravilloso que no debemos desaprovechar, pero debemos ser conscientes de su fecha de caducidad. Todo tiene un principio y un fin.
Tengo la certeza absoluta de que nadie muere si seguimos recordándola y amándola.
La muerte puede ser cruel, puede llegar con lágrimas y dolor…pero ¿acaso no fue así como llegamos a este mundo?
Quizá, lo creas o no, morir sea volver a nacer.
Sed felices.
Imagen de la película " El árbol de la vida"
miércoles, 17 de agosto de 2016
CUANDO LA INSPIRACIÓN MUERE
El ambiente es propicio, diría incluso que embriagador.
Tienes una carpeta de emociones escondida tras esta pantalla y cien más entre las páginas de tu diario. Quieres, deseas convertir esos sentimientos en palabras y caramelizar cada una de esas historias que ansias contar, desgranar lo que fue tuyo y dejarle al mundo pequeños platos de postre con un pedacito de corazón latiendo.
Uno. Llamar al 112 en cuyo caso te llevarán al hospital más cercano. Te harán todo tipo de pruebas para descartar el infarto, y te drogaran y dejarán en observación durante 24 horas; para soltarte con tu ropa en una bolsa de plástico supuestamente fuera de peligro.
Dos. Sentarte con la cabeza entre las piernas y respirar dentro de una bolsa. Esperar que el oxígeno vuelva a circular a una velocidad "normal" a través de tus arterias, e irrigue tus órganos vitales restableciendo ese estado de salud deseado por cualquier ser humano; lo que te dejara fuera de circulación igual que la opción uno.
Tres. Cerrar los ojos un instante. Emborracharte de ti, de tu esencia, de todo aquello que eres tú mismo y ahora está luchando por salir dando patadas y puñetazos a tus ya fatigados miembros; y dejar que tus dedos se deslicen sin ese convencional sentido sobre las palabras, acariciando de forma convulsa lo vivido, lo sentido. Liberar en cada palpitación lo que crees que te pertenece, aunque en realidad sabes que ha sido un préstamo para poder seguir respirando en pequeñas dosis y, que tendrás que devolver al final de tus días.
lunes, 8 de agosto de 2016
ERES
https://www.youtube.com/watch?v=zOKtfbHlhSw
Eres aquí. Eres ahora. Eres ayer. Eres todos mis yo. Eres aquello que aguarda y espera. Eres la ausencia. Eres el dolor. Eres la sonrisa perpetua. Eres la angustia de mañana. Eres la felicidad escrita. Eres la pena y la alegría. Eres la melodía. Eres el abrazo y el beso. Eres aquello que mi piel anhela. Eres la ilusión y el sueño. Eres una amalgama de sin sentidos de mi razón. Eres el desayuno y la cena. Eres el calor de la noche. Eres el frío de la madrugada. Eres sábanas blancas. Eres el abrigo del invierno. Eres el sabor de las manzanas. Eres un café en cualquier lugar. Eres lo que mi vientre clama. Eres sangre. Eres sed. Eres hambre. Eres aquello que mi mente imagina. Eres el olor del heno. Eres un árbol que cobija. Eres el verbo y el adjetivo. Eres un presente a mis pies. Eres una cuerda. Eres una rama que cruje. Eres el viento que gime. Eres gotas de rocío. Eres un campo de amapolas. Eres viento. Eres lluvia. Eres doncella y caballero. Eres lucha. Eres amor. Eres tristeza. Eres muerte. Eres un corazón que palpita. Eres calma. Eres paz. Eres el karma de mi ser. Eres estrellas. Eres agua fresca. Eres arcoíris. Eres una canción. Eres un tiovivo. Eres amanecer. Eres tristeza. Eres el monstruo de mi pesadilla. Eres la tregua de mi alma. Eres la mano que me acaricia. Eres el beso en mi mejilla. Eres la pasión contenida, la pasión desatada. Eres inocencia. Eres la luz. Eres la oscuridad. Eres infinito y eres final.
Eres horizonte.
Eres cielo.
Eres mar.
Eres.
Y con eso me basta.


















