miércoles, 27 de mayo de 2015

MI VOZ



https://www.youtube.com/watch?v=XmQuIsDnQ3k


Sé que está ahí.

Quizá sea muda, sorda y ciega. Pero en algún lugar debajo de la piel, entre todos esos otros sonidos de mi cuerpo, se encuentra ella.
No tengo miedo a escucharla, al contrario, tengo miedo de que se pierda entre este tumulto incontrolado.
Cavaré como un presidiario en su celda, aunque sea con una cuchara de hojalata, en las profundidades de cualquier muro que se interponga entre mi voz y yo.

No hay una razón para dejar de escuchar, pero sí para dejar de hablar.
Yo te escucho, sigo aquí.

Encuentra la manera de llegar hasta mí.
Estamos muy cerca.
Mírame.
Óyeme.
Háblame.

Soy tú.

Lo siento.
Perdóname.
Te quiero.
Gracias.



*Imagen de la película: "Café de Flore"





jueves, 14 de mayo de 2015

ERAN DE COLOR MIEL



Eran de color miel. Dulces, atrayentes, vestidos de infinitas pestañas que me acariciaban en cada mirada, penetrando en mi interior como el zumbido de cientos de abejas en un panal. Convirtiendo ese sonido en la más sensual de las melodías, acariciando mi rostro, mi cuello, mi pecho, mi vientre, todos y cada uno de mis recovecos.
Y cada vez con más deseo de besarte, de tocarte, de retenerte entre mis labios, entre mis brazos...
Es deseo sí, y también es amor, un amor labrado a lo largo del tiempo; observándote, viéndote desde lejos, con toda la sensualidad que conlleva el saber que miras sin ser el otro consciente…

No sé qué tienes, pero me fascinas, me enganchas. Eres una droga para mí y soy adicta, es más, quiero serlo. Drogarme de ti, sería el mayor de los placeres que podría proporcionarme la vida.
Me enamoré loca y perdidamente.


* Fotegrafía: Joaquin Phoenix. (Desconozco el fotógrafo)


domingo, 10 de mayo de 2015

EL CANTO DE LA SIRENA II


https://www.youtube.com/watch?v=mrjohQ_PDTY



Se ha salido la sangre de mi cuerpo, toda, y no me he dado cuenta. Miro hacia el suelo ahora de color rojo; he manchado el parquet, tendré que limpiarlo, quizá tenga que usar un producto especial. Espero no estropearlo, es de madera de olivo, tan bonito…
Busco en mi cuerpo un orificio o corte por donde se haya podido derramar la sangre, pero no veo rastro de ella, ni nada que se pueda asemejar a una herida. ¿Qué extraño?
Estoy algo mareada y me falta el aire, aunque sé, no puedo explicar cómo, que no voy a perder el conocimiento; es como si se me estuviera yendo la vida pero siendo plenamente consciente de que no voy a morir.
Me apoyo en el marco de la puerta con la mano, veo en él una marca intensa de color rojo. Parece una rosa recién cortada, aún fresca, de tonos exultantes y llamativos. Soy yo, es mi mano la que ha dibujado con tanta frescura ese cuadro minimalista sobre el blanco marco de la puerta. Mi mano está llena de sangre. Ahora lo entiendo, ha salido de mis labios. Apoyo la espalda en la pared y me dejo escurrir hasta el suelo por miedo a marearme. Allí sentada llevo mis manos a mis labios…están calientes, viscosos. Introduzco ligeramente los dedos en mi boca y me doy cuenta de que está completamente llena de sangre; puedo sentir su sabor salado y metálico.
¿Qué ha ocurrido? Es cierto que siento desde hace tiempo la necesidad de sacar de mi interior, una especie de tumoración que ha ido creciendo más y más cada día. Pero nunca imaginé que ocurriría de ésta manera, en un sanguinolento vómito de células y emociones ligadas como una mayonesa por el suero de mi sangre. ¿Se limpiará así mi corazón y mi conciencia? ¿Desaparecerán los miedos, las dudas y todo aquello que me aterra, y no me deja vivir en paz conmigo misma?
Hice mis prácticas en hemodiálisis durante un tiempo cuando estudiaba…sé cómo funcionan esas máquinas. Pero es que yo la he perdido ¡toda! ¿Qué haré? ¿Será posible seguir viviendo sin esos pocos litros de fluido carmesí, tan codiciado en los libros de Anne Rice que leía durante mi juventud, e indispensables para los seres humanos?

No doy crédito a lo que está ocurriendo.
Permanezco unos instantes en el suelo, quizá minutos, horas…no lo sé. La noción del tiempo ha pasado a algún plano lejano ahora para mí, tan solo soy consciente de mi interior vacío, de la cáscara insulsa en la que se ha convertido ahora mi cuerpo.
Miro mis piernas dejadas caer como de una muñeca de trapo sobre el suelo del pasillo, y soy consciente de que se dibuja una sonrisa en mi rostro al recordar que una vez hace mucho tiempo se sumergían en el mar, y se transformaban en la cola de una Sirena a su contacto.
Sí, una vez fui Sirena, con mis escamas relucientes al sol. Con una melena capaz de enredar las manos de los marinos más diestros en la mar. Y con una voz que cautivaba en la distancia, allá dónde se pierde la vista, allá donde solo hay hielo, incluso más allá de los límites de la Tierra.
Yo fui una Sirena…”varada por la realidad”

Pero un día hubo un maremoto en los corazones de las personas que amaba y, de repente todo se transformó en un árido desierto. Siendo la sangre caliente lo único que corría por mis venas, mi piel se secó, perdí mi preciado cabello y nunca más volví a sumergirme en el mar. A partir de aquél día me dio miedo acercarme a él.
¿Será una señal mi sangre derramada? ¿Acaso volverán a aparecer en mi piel las brillantes escamas, mi cola plateada, tornasolada como las perlas y suave y fina como el agua del océano?
Miro mis brazos y no han perdido su color, mi piel mantiene su sonrosada característica.
La sangre ha desaparecido, el suelo está tan limpio que me puedo ver reflejada en él…la madera está tan viva como yo; como mi corazón de Sirena que en el fondo de mí nunca dejó de cantar, y a partir de ahora sé que nunca lo hará.
Un pulso llega desde el techo y una especie de puerta se abre desbordando mar por todas partes. Abro mi boca tanto como soy capaz, y me lleno de toda esa agua que brota naufraga hacia mí.
Mis arterías se rellenan, mis venas vuelven a sentir el retorno del latido de mi corazón. Ahora todo está es su lugar, las aguas han vuelto a su cauce. El mar ha tomado lo que era suyo. Y yo, por fin vuelvo a ser quien era. La sirena que nunca debí dejar de ser.
El océano volverá a ser para siempre mi hogar.
Vuelvo a casa.

*Ilustración de Benjamin Lacombe



viernes, 8 de mayo de 2015

UNA BÁSCULA, POR FAVOR.


(...) un amasijo de sentimientos,hordas de lágrimas que trafican con la sangre de tus venas al haber vendido tu alma al más hermoso y a la vez más loco de los tormentos.

                                                                                                      "El olvido" Canción de Invierno.

https://www.youtube.com/watch?v=STxXS5lLunE

  ¿Se pueden medir las emociones?
  Existe un sistema métrico para el volumen del agua, el volumen de la masa, para la distancia; sea del tipo que sea lo que deseamos medir hay una manera de hacerlo.
Pero ¿qué hay cuando se trata de cuantificar el amor, el afecto o el cariño? He buscado en libros, en enciclopedias escritas en papel, incluso en la famosa Wikipedia  que parece saberlo todo. Pero nada, no he encontrado ni rastro de un “amorometro”, de pesas de cariño, o de una balanza de afecto.
Entonces, ¿cómo se hace? ¿Somos capaces por nosotros mismos de reconocer esa medida?¿Se trata de la cantidad adecuada la que le damos, regalamos u otorgamos a cada persona? ¿Nos excedemos?, o todo lo contrario, ¿nos quedamos cortos?

Por ejemplo: el sabor amargo de una despedida. Siempre he sentido que no sabemos despedirnos (y es algo que considero muy, muy importante en las relaciones humanas, dice mucho de las personas; me atrevo a decir que incluso más que los encuentros), ese momento de incertidumbre entre abrazar, llorar, o salir corriendo antes de que tus sentimientos sean tan evidentes que caigas muerta de vergüenza.

O qué me decís de el despertar junto a alguien por la mañana después de pasar una noche juntos…¿Abrazas, besas, hablas, das los buenos días, te vas a la ducha, preparas café? Será tan importante, tanto lo que hagas, como lo que dejes de hacer y, viceversa…

Nuestros padres, hermanos y demás familia. ¿Les amamos lo suficiente? o ¿esa especie de inercia y costumbre hace que a veces subestimemos esas emociones?

Lo mismo ocurre con los amigos, los vecinos, el tendero de abajo, el conductor del autobús…
Todas y cada una de esas personas a las que de alguna manera "amas", sea de la forma que sea; están en tu vida y forman parte de ella.
¿Por qué querer más a una que a otra? ¿Por lo que te aportan? Quizá ¿por lo que no hacen?

Extraña manera la que tiene el cariño de atraparte. Llega agazapado, despacio, y cuando menos te lo esperas se ha abalanzado sobre ti como una pantera en celo. No vas a escapar, ya no podrás, las garras del afecto son afiladas y sangras tanto que te desvaneces rendido a sus pies. De hecho deseas caer para que te envuelva en esa especie de nube soporífera de cariño esponjoso, dulce y tierno.

Qué bonito es el amor, el amor en toda su extensión y realmente qué inútiles somos para amar.
Cuando debes hacerlo no lo haces por miedo, cuando no debes lo haces porque sientes que perdiste la oportunidad anterior. Y cuando de verdad deseas hacerlo, o no llega, o nunca es suficiente. Y ésto solo en cuanto al amor romántico.
Palabras mayores en lo que se refiere al amor paterno-filial…somos unos putos desastres.

Amemos, por el amor de ese Dios que nos observa flipando sentado desde alguna nube allá en el ancho cielo. Echándose las manos a la cabeza pensando, qué estamos haciendo con todas las emociones que nos ha dado.

Yo creo que no sé medirlo.
Y suelo meter la pata. Me excedo, me quedo corta, me excedo más, me quedo mucho más corta…y al final el amor se queda a medio camino de la nada y la nube de Dios,o esa es la sensación que a mí me queda.
Conclusión, no sé amar.

Pero vosotros, no dejéis de intentarlo. Creo que dicen por ahí que, nunca es tarde.



*Imagen de la película basada en la novela:  La mujer del viajero en el tiempo.




martes, 5 de mayo de 2015

NO CONFÍES EN LOS COLORES


https://www.youtube.com/watch?v=STKkWj2WpWM


Lo intenté muchas veces. Escribirte.
Hoy lo vuelvo a hacer y no cederé como en tantas otras  ocasiones, necesito que ocurra de una vez; decirte lo que pienso, lo que siento, lo que me corroe por dentro sin ningún tipo de piedad, destruyendo poco a poco lo que queda de mí. Aunque después de tanto tiempo no sirva de nada, aunque ni siquiera puedas ser capaz de entenderlo porque ya ni yo misma soy capaz de expresarlo. Aún hoy sigue siendo una necesidad vital.

Es difícil hablarle a alguien que no existe, alguien que sabes a ciencia cierta que nunca existirá, pero que de alguna forma aunque sea en algún lugar impalpable incluso para la imaginación, es real.
Y desde ahí, desde ese limbo que ha creado a costa de mi sacrificio, escuchará hoy lo que tengo que decirle.
Gritaré tan alto que, el sonido de mi voz viajará mil veces antes de rebotar y volver a ti dentro de esas cuatro paredes de cristal y ternura en las que parece te han encerrado pensando que no te encontraría.

Te odio, te odio tanto como puedo ser capaz de hacerlo con mi alma humana. Desprecio cada instante que perdí pensando en ti, en tu cara, en tu piel, en tus redondos ojos mirándome con tanta intensidad y amor que hubieran sido capaz de matarme. Desprecio tu llanto, aquél que yo nunca hubiese sido capaz de consolar pues no me correspondía a mí, no fui la elegida…Quizá sigas esperando, no lo sé, ya no podré saberlo. Me fue arrebatado ese don, sin preguntar, sin tener en cuenta mis deseos; mi condición más primitiva de mujer se perdió una mañana de primavera hace ya mucho tiempo…

Te amo, te amo tanto como puedo ser capaz de hacerlo con mi alma humana. Adoro cada instante que pasé pensando en ti, en tu cara, en tu piel, en tus redondos ojos mirándome con tanta intensidad y amor que hubiera sido capaz de matar por ellos. Amo tu llanto, aquél que yo hubiese sido capaz de consolar cada noche, cada día, si hubiera sido la elegida…Quizá sigas esperando, no lo sé, ya no podré saberlo. Me fue arrebatado ese don, sin preguntar, sin tener en cuenta mis deseos; mi condición más primitiva de mujer se perdió una mañana de primavera hace ya mucho tiempo…

Te quiero pero no me esperes,
ya no podré ser tu madre.

* Imagen: Alicia en el País de Las Maravillas




lunes, 27 de abril de 2015

CONFESIÓN

Hay momentos en los que las circunstancias, lo que sientes, te conducen inevitablemente  a las palabras.
Eso está bien, aunque a veces ocurre de una forma tan sumamente catalizadora y exorcizante que, no eres capaz de ordenar en tu cabeza ni una sola frase coherente. Respirar y escribir, plasmar palabras sobre el papel, eso es simplemente lo que deseas hacer. Vomitar todo aquello que se atropella en tu interior y se convierte en un fantasmagórico nudo dentro de tu garganta.
Estoy segura de que habéis sentido esto alguna vez, sea o no la escritura vuestra forma de expresar las emociones.
Quién sabe lo que encontrarán cuando muera entre mis libretas y carpetas, es posible que nada de interés para nadie. Pero mientras siga viva necesito imperiosamente compartir, desmembrar los sentimientos para que así se hagan pequeños y pueda con ellos. Cada día una nueva batalla.

Imagen de la película: " To the Wonder"


https://www.youtube.com/watch?v=Zxn0-KNyAZU

sábado, 11 de abril de 2015

BUSCANDO Y LA VENTANA

Concurso "Microrrelatos Velvet II"

Agradecida, comparto con vosotros mi relato ganador "Buscando" y también "La ventana" En esta segunda edición podíamos concursar con dos textos.
Ambos importantes y significativos para mí

Buscando





Una vez me abrí el pecho para ver qué había dentro. Encontré cintas de colores, nubes de color rosa, un océano metido en una botella, terrones de azúcar, un pedazo de ternura, pequeños trozos de cariño con forma de gominola, algo de genio sin lámpara, una cabeza hueca, una señal de Stop, lavanda en un frasco, un melón, una muñeca Barbie, el estribillo de una canción, la rama de un árbol, un libro, una fotografía, tres pequeñas botellas rojas con olor a hoguera de San Juan, una madre que abrazaba a un padre, un ticket de autobús, la entrada de un concierto, tu imagen, la mía, hermanos, una cinta de cassette, la portada de un disco, una libélula, una moneda, un poema, un recuerdo empaquetado, una despedida, un rayo de sol, el olor de la lluvia pegado a un paraguas, el borde de un acantilado y la sonrisa de un gorrión.

* Imagen de la película " El paciente inglés" 

(Escotadura supraesternal - El bósforo de Almasy)



La ventana  

Un pequeño habitáculo al que había sido confinada después de sucesivas recaídas, se convirtió en su “hogar”. Consumida y demacrada, con los ojos hundidos, sin el más mínimo atisbo de vida, era atraída cada día por aquella imagen. Quizá las drogas que le daban diariamente no le dejaban distinguir nada, ya que sus ojos se nublaban con facilidad; pero en aquella especie de cuadro iluminado veía una diminuta imagen que no alcanzaba a dibujar en su mente, quizá su cerebro había perdido ya toda inteligencia, coherencia…
Aunque hermética, al otro lado de la ventana había vida, un bien del que ella ya carecía, pero presentía que el futuro de su amargo aliento estaba allí.
Aquél pajarillo que cada día paciente la esperaba, era quién la acompañaría en su último viaje.
Esa mañana no tomó las pastillas. Fue entonces cuando lo vio, pudo contemplar su última medicación, la sonrisa del gorrión.

* Imagen de la película "V de Vendetta"







lunes, 6 de abril de 2015

Pereza de amar

Pereza de amar
Según la religión católica, estaríamos incumpliendo un pecado y un mandamiento, extraña y curiosa amalgama.

Cada vez soy más consciente de la necesidad que tenemos de amar y ser amados. El amor es el motor de la vida, pero curiosamente nos encontramos a menudo con más gente que está sola, o lo que es aún peor, que se siente sola.
Existe una pereza generalizada para iniciar una relación sentimental, sea del tipo que sea. La sociedad nos impone un ritmo frenético en nuestras vidas, y eso tan solo para llevar a cabo una vida relativamente normal; trabajo, familia, amigos, algún que otro hobby… ¿cómo vamos a tener tiempo para amar, si casi no lo tenemos para vivir?
Las relaciones se han simplificado hasta puntos que resultan imperceptibles y en ocasiones incluso inexistentes.
La soledad se ha convertido en nuestra mejor aliada y compañera, nos sentimos a gusto con nuestras vidas singulares, sin dar cuenta de lo que hacemos o dejamos de hacer. Viviendo cada día como si fuera el último, diciéndonos a nosotros mismos la famosa frase “Carpe Diem”, nadie desea complicarse la vida demasiado, vivir el día a día y ¡ya!
Entonces, ¿por qué cada vez existen más redes sociales, programas de televisión, etcétera, destinados a encontrar pareja?
Perdonad mi incredulidad respecto al tema.
Si alguien ha encontrado pareja, compañero, o como desees llamarlo, en alguno de éstos lares, estoy convencida de que ha sido por mera casualidad. Igual que lo es cruzar una mirada con un desconocido en una cafetería, y volvértelo a encontrar en algún otro lugar donde acabas entablando un diálogo sobre cualquier cosa sin aparente importancia. Cuando alguien te presenta un amigo, o simplemente esa conversación que inicias en la cola de cualquiera de esos lugares, en los que pierdes infinito tiempo aguardando un turno para gestionar una de tantas cosas a veces absurdas e innecesarias, pero allí está esa persona.
Yo creo en la casualidad, creo en decenas de medias naranjas con las que poder hacer un sabroso zumo a lo largo de tu vida. Creo en el amor y en la capacidad del ser humano para enamorarse y amar para siempre, pero también creo en que pueda no serlo por mucho que nos empeñemos, hay cientos de combinaciones posibles, tantas como personas, emociones y sentimientos.
Pero me niego a dejar de creer en la capacidad de amar, me niego a pensar que no tenemos tiempo ¡Por Dios!; me niego a pensar que incluso las personas que por decisión propia deciden estar solas, no sientan alguna vez en un pequeño recoveco de su corazón, en algún momento de sus vidas, la inquietud y necesidad de amar y ser amados.

Somos libres, sed libres…pero no dejéis de amar y sentir el amor o se os olvidará cómo es, cómo era.
Quizá entonces sea demasiado tarde.

*Imagen de la película "Perfect sense"






martes, 31 de marzo de 2015

EL TRASPLANTE


Ábrelo. Es para ti. 
Se ha manchado de sangre, lo siento, fue difícil atravesar la piel e introducir la fina seda por detrás de las costillas. Tuve que realizar los cortes pertinentes, pero quedó bonito el lazo sobre mi pecho, ¿no crees? Parece una enorme flor de color rojo anclada en mi piel, una condecoración por los cuidados que le dediqué durante todos estos años.
Lamento lo de las cicatrices, algunas aún están sin cerrar, pero por el camino hasta ti me encontré con los sentimientos y éstos lo vapulearon a base de bien. Sobre todo uno de ellos, un tal amor, que se ha dedicado a hacer estragos en cada una de sus cuatro cavidades sin contemplación alguna. En ocasiones tuvimos que ayudarnos mutuamente para sobrevivir. Hubo momentos incluso de paro cardíaco, en los que pensé que lo perdería para siempre, pero es fuerte y remontaba una y otra vez. Su deseo de vivir se ha manifestado en cada latido, agarrándose con fuerza a las arterias, al esternón, cualquier cosa a la que asirse significara no caer en el vacío de mis vísceras.
Cada vivencia está ahí, en su interior, respirando a través de sus válvulas, inundándose de vida en cada pulsación.
Deja que te cuente cuando lo coloques en el hueco que ahora hayas vacío; inclina un poco tu cabeza hacia el lado izquierdo de tu pecho y podrás escuchar la vida que aún queda en éste magullado y viejo corazón.
Después de todo ha sido hermoso.

Recojo lentamente del suelo mi piel, y los fragmentos de mí misma que se esparcen a mi alrededor. La pérdida de sangre me provoca un ligero sopor en el que me sumergiré despacio; un sueño dulce que calmará para siempre el dolor de cada batalla que he librado, dejando un campo arrasado por la intensidad de la belleza que encontré a lo largo de mi vida.
Disfrutarlo, ahora depende de ti.

* Imagen de la película "Meet Joe Black"



viernes, 20 de marzo de 2015

SOLSTICIO DE INVIERNO


    Mi manera, quizá un tanto particular, de rendir hoy homenaje a la Primavera y despedir el Invierno, es publicando un fragmento de uno de los textos que aparecen en mi libro "Canción de Invierno".
                                                             

                                                                             Se desliza hacia el otro lado de la vida.
                                                                           Con una ligereza que parece una danza.
                                                                                                   A. Baricco -  Océano mar.



El amanecer nos sorprende abrazados.
    Los primeros rayos de sol empiezan a despuntar y, como una suave caricia, se aproximan a nosotros para separarnos de los brazos de Morfeo, donde yacimos juntos durante la noche.
    Todavía entre sueños, a medida que la luz crece, veo tu rostro; en él se refleja la felicidad de quien  ha encontrado aquello que anhelaba, y mientras te observo te acurrucas junto a mí, me sonríes, entreabres los ojos, pareces satisfecho y posas en mí tu mirada transparente, cristalina, sincera, empapada de palabras, ebria de amor. Eres tan hermoso dentro y fuera de ti que mi corazón siente ganas de gritar, de mezclarse con el viento y el sonido de las olas, de permanecer inerte en el aire, bailando con la llovizna que lo impregna todo de un mágico encanto.
     Nos fundimos en el más cálido de los abrazos, de esos de los que no quieres desprenderte jamás, en los que respiras a la otra persona, en los que el aliento es perfume, fragancia que hidrata nuestra piel. Reímos, reímos siempre y con nuestros rostros unidos dirigimos la mirada hacia la ventana.
      El océano se pierde en el horizonte, el mar está algo picado, de un color azul acero, con pequeños destellos de luz y ligero oleaje. Trae el sonido lejano de los barcos pesqueros que salieron temprano, trae el canto de sirenas del mar que danzan alrededor de Neptuno, trae el sabor a sal, el húmedo sabor de nuestros besos.....


* Imagen de la película "The way we were
"




domingo, 8 de marzo de 2015

LA TARTA





    Miro hacia el plato de cerámica blanca e inmaculada, rota tan solo por unos arañados restos de chocolate y unas diminutas migas de bizcocho. Dibujando con capricho uno de esos pasatiempos infantiles que consisten en unir puntos para crear una figura; siempre es una sorpresa lo que se esconde tras ellos, porque parecen puntos dejados caer sin más. No es así, hay algo coherente camuflado que queda plasmado en el papel; de niña pensaba que eran señales, incluso que podrían hablarme de mi futuro, quizá tal y como lo siento ahora mirando mi plato.
He perdido la noción del tiempo, es posible que lleve horas observando el entramado de virutas y restos que dejó tras de sí aquél pedazo de pastel. Afuera ha oscurecido, he perdido la noción del tiempo y a su vez la capacidad visual, y en mi plato se insinúa una extraña imagen como en un test de Rorschach; esos que usan los psicólogos para definir la personalidad de un individuo.
Sé qué es lo que veo, y a la vez sé qué desearía ver. De modo que voy a cerrar los ojos durante unos instantes, intentar limpiar mi mente de la hiperactividad provocada por la sobredosis de azúcar que acabo de ingerir, y relajar mi ojo para que la imagen que aparezca de nuevo al abrirlos sea lo más sencilla, nítida y real posible.

Mientras la oscuridad se apodera de mí, comienzo a ser consciente de que podría dejar en manos de un resto de tarta, una de las decisiones más importantes de mi vida. Un escalofrío recorre mi espalda, erizando mi piel, el bello de mi nuca, y una sensación de angustia me oprime el pecho, me falta el aire y mi estómago se ha encogido tanto que no lo encontraría aunque me abriera en canal. Pero debo hacerlo, respirar hondo, liberarme de cualquier influencia externa y limitarme a volver al punto de partida.
Todo es negro ahora, pero en unos segundos la luz que dejé encendida en la mesilla junto al plato será todo lo que necesite para tomar mi decisión, y mi mundo volverá a girar.

Abro los ojos.
Miro el plato…derramo lágrimas sobre los dulces restos y lo que deseo es comerme otro trozo de tarta, así hasta acabar con ella.
Mañana ya no quedará nada, ni puntos que unir, ni dibujos que interpretar, tan siquiera aquél pedazo de chocolate con el que intenté modelar un corazón.
Posiblemente debería abandonar el dulce.




viernes, 13 de febrero de 2015

MIENTRAS DORMÍA


 

Intento recordar el momento exacto en el que la realidad se convirtió en un sueño, cuando todo quedó suspendido en el aire durante unos instantes; como esas secuencias en las películas en las que todo se detiene, y tanto personas como objetos se mantienen inertes, flotando, esperando el momento de volver a la vida.Y todo esto sucede justo antes de que le ocurra algo importante y decisivo al protagonista.
Ese, ese preciso instante se me ha perdido en la memoria, y necesito encontrarlo para tener al menos la certeza de que sí, de que sí ocurrió.

En mi sueño, mi cuerpo está colmado de caricias, de tus manos paseando por los laberintos que mi ropa interior teje con mi piel. De besos que eternizan el deseo, aquel que permanecía perdido en ese lugar reservado tan solo para amantes.
En mi sueño amanecías junto a mí acariciando mi espalda, perdiendo la vergüenza a la luz del día, descarándonos las miradas, quietas, fijas en nuestras pupilas apoyadas en la almohada, sin apenas descanso, no hay sueño, solo dulzura, ternura, y deseo…
En mi sueño nos desayunamos bailando bajo la calidez del sol de invierno, reconstruyendo la noche que se escurrió rápidamente entre nuestros dedos, y nos agarramos con fuerza a una fortaleza que desaparecerá con el último sorbo de nuestros labios. Castillos de tostadas y mantequilla, rodeados de zumo de piña.
En mi sueño mis labios no quieren dejar de besarte, desean que sigas siendo real, que nunca te conviertas en príncipe, que sigas siendo de color verde, de ese color que no destiñe.
En mi sueño, una vez, estuviste aquí.

Busco instante perdido en la memoria. Si alguien lo encuentra, por favor, que no dude en avisarme, pues lleva la mitad de mi corazón.

Es entonces cuando todo vuelve a ponerse en marcha... y la vida sigue.

domingo, 8 de febrero de 2015

LÁGRIMAS


Cierra sus párpados y cae la oscuridad. Anochece a su alrededor, tal cual ocurriese si el sol se apagara. No puede mirar a la vida si él se ha marchado, la noche ha llegado a su alma, a su corazón. Una pequeña muerte que tiñe de un extraño color oscuro cada milímetro de su cuerpo. Un velatorio nocturno alrededor de sí misma con lágrimas negras, dolorosas, al igual que lo son las rojas.


Diversidad literaria, I Concurso de microrrelato: "Inspiraciones nocturnas"


* Imagen de la película: "Mi vida sin mi" 



lunes, 2 de febrero de 2015

DE PESCA

El sol caía detrás de las dunas, se despedía de nosotros con esas últimas caricias remolonas, como cuando no quieres irte a dormir e intentas alargar el instante de ir a yacer entre sueños. Él lo hacía, se derramaba aún caliente sobre el mar haciendo surcos profundos  de color anaranjado, colándose discretamente entre las rocas, escribiendo mensajes sutiles y de hermosos colores, quizá un idioma tan solo conocido por las gentes del mar.
El lucero de la tarde ya brillaba en lo alto, la noche poco a poco iba haciendo acto de presencia y con ella el frío nos iba abrazando cada vez un poco más, envolviéndolo todo con su manto oscuro pero tan amigable cuando estás solo.
Una tenue luz marcaba aún el horizonte que, pronto desaparecería y mar y cielo serían un solo ser, un solo mundo, ese en el que nos adentraríamos de cabeza para comulgar con el mar, con nuestro amante helado, suntuoso apasionado de bellas mareas y de nuevas y entrañables historias, mientras nuestras cañas se dejan llevar por el vaivén de las olas. Ellas poseen vida propia, permanecen ahí con su anzuelo flotando, con el suculento y atractivo cebo que guiña un ojo a cada pececillo que pasa. Son listos, no caerán tan fácilmente, el mar les ha enseñado muchas cosas sobre los humanos, quizá sepan más de lo que imaginamos, más que nosotros mismos…

Mientras, la noche se ha cerrado, hemos sido afortunados y tenemos una flamante luna creciente, casi llena, amiga de las mareas y de los pescadores que pasan la noche en vela. Su luz y un pequeño farolillo son suficientes para poder desenvolvernos con soltura en éste pequeño mundo que hemos creado para los dos, nuestra casa, con un techo infinito de estrellas.
Hay música, algo de comer, unas cervezas y para cuando el frío ya se haya hecho con los dedos de nuestros  pies, un par de termos de café y chocolate bien caliente. Suficientemente abrigados, sentados en unas sillitas no tan cómodas como aparentan, nos echamos la mantita por encima, nos bajamos los gorros hasta las orejas y cogemos el libro escogido para la ocasión. La noche será larga y a pesar de que nuestra conversación siempre resulta atractiva con ese mar que nos inspira, es embriagador comenzar la velada introduciéndonos en una historia distinta cada noche, en una nueva y excitante aventura. Lectura que podría transportarnos fácilmente tanto sobre las aguas, como a las profundidades del océano y sus abismales secretos, palabras que cuentan como el mar es el todo.
Y de ésta manera, embelesados por tan bellas palabras, hipnotizados por la melodía del mar que se mezcla con una delicada banda sonora que nosotros aportamos sutilmente de fondo, viajamos a través de las olas, a través del olor a mar, a través de esa alfombra que la luna ha teñido de color plata para nosotros; ni Neptuno es tan afortunado, solo alguna sirena puede tener esta clase de suerte.
Único y espectacular momento.
La vida.

Algún viejo pescador de la zona se nos acerca de vez en cuando, les gusta contarnos sus historias sobre la mar, su relación con esa indomable y majestuosa criatura, espíritu azul, caprichoso y temido oponente...
“Nunca te creas más fuerte que el mar, mientras sea así, mientras sigas sus reglas todo irá bien”

Se acerca la madrugada y el frío ha ido calando en nuestros huesos, hundiéndonos un poco más en nuestras ropas empapadas ya de cada gota salada que la brisa ha traído hasta nosotros. Con delicadeza me colocas mejor la manta y yo me acurruco bajo el nuevo calor que encuentro en la ternura de tus gestos. Me quedé dormida mientras leías, tu voz me llevó de la mano al “océano mar” a ese lugar que ambos sentimos nuestro hogar.

Pronto amanecerá.
La pesca será buena, hoy la mar tenía buen sabor.

Mi caña tiraba…


*Imagen propia. Una tarde en la Albufera, agosto 2014


miércoles, 28 de enero de 2015

NO HAY DOS OLAS IGUALES


Caminaba sin descanso sobre la dorada y cálida arena. No le importaba, ella sabía que debía seguir, era una buscadora, una de esas personas que encuentran para que la vida de quienes la rodean, cobre sentido.
Llegó a la cima de aquella enorme duna. Había allí un cofre, hermético como el desierto. Lo abrió sin vacilar y en su interior encontró un manto azul. Lo alzó al viento y de repente aquél terciopelo encerrado, atrapado durante tanto tiempo se convirtió en un océano y mar precioso que lo inundó todo; llegó la vida.
Una ola, otra….y así hasta el infinito.




Microrrelato presentado al concurso Velvet.
Primera edición Enero 2015.
¡¡¡¡Gracias a todos  por el galardón!!!


https://www.youtube.com/watch?v=_BT0GFqEZ0E

* Imagen de la película "El jardinero fiel"



martes, 27 de enero de 2015

LOLO EL MARCIANO



Lolo siempre ha vivido en la Tierra desde que él recuerda, pues una tarde en la siesta se cayó de su planeta.
Todo el mundo le quería pues era bueno y muy bromista. Reía sin parar enseñando sus dientes resplandecientes de tantas y tantas manzanas que era capaz de devorar. Y es que Lolo era un marciano muy raro, porque no comía hamburguesas, ni tampoco salchichas, solo comía la fruta que del manzano caía. Rojas manzanas de piel brillante y esmaltada, saboreaba cada día a mordiscos o en ensalada.
Pero al cabo del tiempo la gente un tanto raro lo veía, y muy extrañados decían –¿qué le pasa a Lolo? ¿Se habrá vuelto el marciano, loco?- Y así pasaron los días, sin saber qué le ocurría, porque su piel ya no era  ni marrón, ni azul, ni morada, ni verde!!! Ya no resplandecía…
Las lágrimas brotaron de los saltones ojos de Lolo, sin comprender nada de lo que sucedía.
Pero una mañana desde el cielo una nave espacial llegó, aterrizó y bajaron  de ella más marcianos con la piel verde, morada, rosa y de colores a montón!, tantos colores como nunca he visto yo.
-Lolo, hermano!!!- Dijeron los marcianos. -Llevamos tiempo buscando el marciano que del planeta se cayó y nunca conseguimos hallar,  porque ahora eres de un solo color!!!
-De color rojo te has convertido, de comer siempre lo mismo!!!- La fruta del manzano, es muy sana, pero dinos, ¿Acaso no echas de menos algo más que la manzana?-
Lolo se había hecho de color rojo, porque solo comía una cosa, manzanas rojas!!! Y había perdido su brillo y sus colores de marciano.
A casa ahora regresaba con sus hermanos multicolor, para volver con sus padres, sus juguetes y por qué no, al cole que mola un montón!!
Lolo ahora es feliz, porque se sienta en una estrella y come de todo para no perder todo su colorido de marciano, que es muy molón.

Y tú, ¿quieres perder tu color? Come fruta, come carne, come pescado y verduras a mogollón, pues así serás como los marcianos, brillantes y de un bonito multicolor!!!

Y este cuento se acabó!! Chimpón!


*Imagen: Wolfepaw 2010


jueves, 22 de enero de 2015

SHANGRI-LA

No te reconozco cuando te veo bajo este nuevo cielo, no eres el mismo cuando son las nubes quienes cubren tus pensamientos. Es entonces cuando la tristeza me embarga y mi corazón se encoje, mi piel se arruga y envejezco más deprisa; ya ves, aquello que tanto te preocupaba ha terminado siendo el fruto de tu miedo y ha acabado aniquilando la poca juventud que habitaba en mí.

Fui joven y bonita, en otro tiempo, cuando tú me amabas y mirabas con descaro las curvas de mi cuerpo, cuando mi sonrisa proyectaba felicidad en el viento, cuando la pasión se derramaba entre nuestros besos. 
Pero tensaste el hilo, lo ceñiste a mi cintura y anudaste fuerte para que no pudiera escapar, para que nadie me encontrase, para que yo no viese más allá de los altos muros en los que me habías confinado. 
Creaste un mundo para ti, hecho a tu medida y me encerraste en él.
Un horizonte perdido.




"La inspiración para expresar el sentimiento del que habla este texto, llegó de la mano de una película que me encanta "Horizontes perdidos" (1937) de F. Capra.
   El argumento trata sobre un grupo de viajeros que sobreviven a un accidente aéreo en el Himalaya. Cuando piensan que acabarán muriendo, son rescatados por los habitantes de una idílica y utópica ciudad oculta en el Tibet. Shangri-La, donde la gente vive feliz y no envejece, mientras en el mundo la II Guerra Mundial está en puertas"




Ambas imágenes pertenecen a la película de Fran Capra.





domingo, 18 de enero de 2015

MARINO DE TIERRA



BANDA SONORA
Tom Waits "Sea of Love"

Es lo primero que me llega cuando me aproximo al mar, su olor, su sabor y como la sal se adhiere a mi piel, dejando su perfume a la deriva en mi cuerpo.

Hace años que ya no salgo a navegar, tuve que cambiar mi velero por un puñado de tierra donde apoyar cada día mis cansados pies, un lugar en el que mis manos agrietadas ya no trabajasen tanto, dicen que tengo que descansar más y vivir más tranquilo.
Pero yo nunca he conseguido alejarme de él, siento como si mi vida caducara sin su presencia, y tengo que volver una y otra vez, para remojar mis pies en la orilla, para inundar mi alma de su sonido, de ese arrullo que llega desde el fondo, y contemplarlo sin medida, sin prisa; de cara al mar, siempre de cara, sintiendo la brisa en mi curtido rostro de marino. Cierro los ojos y puedo escuchar a lo lejos las embarcaciones que salieron temprano a faenar y regresan tocando sus sirenas, anunciando a los hombres y mujeres del puerto, que preparen los atavíos para hacerse con la carga, seguro que ha sido buena. Hoy la mar estaba viva, lo he sentido al saborearla desde la orilla.

En mi paseo, como cada día, me dirijo a los muelles, donde atracarán los barcos de pesca. Todos son conocidos para mí, con todos he salido alguna vez a la mar. Me saludan, les sonrío, ellos conocen mi pesar.
Pero mis pasos se dirigen hacia un velero que está amarrado, fondeado un poco más hacia delante. Una goleta de dos mástiles, con una línea tan bella como la mujer más hermosa que podáis imaginar. La contemplo durante largo tiempo y escucho la música del crujir de su barnizado y brillante casco, con una quilla que palpita a través del agua, y que todas las criaturas marinas pueden escuchar latir. Cada cabo, nervio o eslabón golpeando los mástiles de la embarcación, son notas musicales para mí, ese tintineo penetra en mi interior y compongo melodías con sabor a mar y, recuerdo a los delfines bailando alrededor de mi barco en una noche de luna llena, allá en alta mar, donde la tierra no es más que un punto imaginario en el horizonte pintado bajo el cielo. Estampa que viví cuando solo me importaba surcar el océano, navegar sintiendo esa música en mi interior, era mi vida. El amor hacia el gran azul puede llegar a obsesionarte, a enamorarte de tal manera que ya nunca más puedas ser capaz de volver a tierra. Pero yo tuve que hacerlo.
Aparejos, arboladuras, cabos, amarres, cables, velas, mástiles…lo repito continuamente, todos y cada uno de los utensilios o términos que han sido tan familiares para mí durante tantos años, los repito como una lección de escuela.

No puedo llevarme éste navío a casa, tampoco es posible atrapar la mar entre mis manos, pero sí puedo venir hasta aquí cada día para que ella no se olvide mí y a su vez yo pueda seguir sintiendo correr cada gota de mar por mis venas.

Mañana volveré, quizá no recuerde a qué vine hasta aquí, pero el olor a salitre, sé que me devolverá al lugar del que jamás debí marchar y que cuando ya no hayan recuerdos…volveré para quedarme.



Imagen propia realizada en el puerto de Valencia

viernes, 16 de enero de 2015

LA MUÑECA

Desearía que lo leyerais escuchando ésto.

"This is Your Captain Speaking - Part 1"
Sabéis,lo hice, me tumbé sobre mi espalda en el suelo, con el pecho expuesto al mundo, al cielo, sin temor alguno.
Respiré varias veces hasta que conseguí un ritmo tranquilo y pausado, de manera que era consciente de mi cuerpo, de cada miembro, de cada órgano, de todo lo que ocurría en mi interior. Hasta el fluir de la sangre o mi saliva deslizándose por mi garganta o mi cabello apoyado contra el pavimento, dejado caer, sin gracia alguna; mis manos abiertas con las palmas dispuestas a recibir, mis pies relajados mirando hacia los distintos puntos cardinales.

Relax

Toda la relajación de la que era capaz se había apoderado de mí y, podía sentir como mi cuerpo entero se fundía con la tierra, como si de una superficie blanda se tratase, y yo me hundía en ella cada vez un poco más, hasta no sentir, no sentirme. Yo no estaba allí, mi cuerpo no existía, tan solo una sensación de bienestar, paz y tranquilidad ocupaba ahora su lugar. Mi mente limpia, bañada de una luz cálida y brillante era lo único que ocupaba mi mente y mis pensamientos.

Paz

Fue entonces cuando me sentí capaz de hacerlo. Con mi no cuerpo, mi no mente y mi nada, me elevé sobre lo que había sido yo misma. Me observaba desde unos metros más arriba; qué distinta me veía a través de mis propios ojos cuando no eran aquellos que juzgaban, aquellos que anhelaban o envidiaban. Qué distinta era cuando todo estaba bien, tranquila sin presiones, sin nada ni nadie a quién enfrentarme, tan siquiera a mí misma, con toda esa calma rodeándome.
Era capaz de ver la belleza de la que algunas personas hablaban. De ver mi cuerpo sin defectos, sin enfermedad alguna; mi sonrisa, esa que hace que mis ojos se achiquen  y lloren lágrimas felices.
Veía eso y mucho más. Podía ver a la niña que habita en mí, la de cabello dorado que no suelta jamás su muñeca, la niña que nunca permitirá que, por muchos desastres que pasen, pierda la ilusión.

Vi tantas cosas como vida tenía…os vi a vosotros. A todos y cada uno, os vi a mi lado, junto a mi corazón. Ese órgano palpitante que no deja de latir aunque bajen sus pulsaciones, aunque se encuentre en este estado de no yo. Y a él es a quién en realidad quería dirigirme. Tengo una cuenta pendiente con él desde hace años, desde que dejó que se inundaran cada una de sus oquedades de sangre y no bombease igual  cada día, ni cada minuto, ni cada segundo. Y todo esto lo hizo sin pedirme permiso, sin consultar conmigo si yo he deseado que dejara de latir así, si yo he deseado que se transformara en un órgano sin vida. Esperando algún estímulo que lo devolviera al mundo, esperando ese latido de más que solo el amor puede provocar. Yo no deseaba vivir así, esperando, pero él me había condenado.

Me agarro fuerte a mi yo niña, la abrazo con una mano, a ella y a su muñeca que extrañamente se parece a mí yo adulta, y con la otra mano, sin pensarlo y con la ilusión tatuada en mi brazo agarro con la mano izquierda mi corazón, lo hago tan fuerte que consigo sacarlo del pecho y puedo ver el vacío que ha dejado ahora en mi cuerpo, allá abajo sobre el suelo. Sigo extraordinariamente relajada, nada ha perturbado mi estado de inconsciencia, tan siquiera haber perdido el corazón.

Bombea con fuerza, parece casi increíble que se haya despreocupado tanto de mi cuerpo, de mí.
¿Qué pasará ahora? Acaso moriré, o permaneceré en una especie de limbo donde van a parar los no muertos. Mi corazón late, pero mi cuerpo, ¿seguirá vivo?

Algo caliente y viscoso cae por mi mano se escurre hasta mi codo. No dejo de apretar a la niña y ésta a la muñeca; pero aquello sigue saliendo del corazón, es la sangre que había quedado ahí, obstruyendo cada uno de sus espacios. Lo observo ahora, limpio, palpitante, incluso diría que reluciente y sé que es lo que debo hacer. Miro a mi yo niña que me sonríe con la muñeca agarrada de una manita, asiente, ella también lo sabe, ha llegado el momento de decidir cómo quiero seguir viviendo ¿ en aquél cuerpo de allá abajo con el corazón encharcado?  o quizá  ¿en ésta nueva esencia con un corazón viejo y magullado, pero cargado de energía y flamantes arterias y venas reconstruidas, cosidas con los hilos de los sueños?

Un corazón usado, pero con la ilusión de una niña y su muñeca.

Totalmente renovado.



Ilustración: Mark Ryden



viernes, 9 de enero de 2015

EL SAMBORI

Todo era más sencillo cuando las aceras se convertían en un paraíso de juegos; salir a la calle era una nueva aventura cada día. Podías convertirte en un pirata surcando los mares, un jugador de fútbol, una princesa en su castillo, la reina de la comba, la ganadora al saltar más alto a la goma, esconderte para que nadie te encontrara en el pilla-pilla, competir con la última canica de mil colores que acababas de adquirir y cien millones de cosas más.
A mí me gustaba especialmente dibujar con tizas en el suelo; dibujaba casas con todos sus detalles.Ya quisieran muchos programas de 3D hacer lo que yo hacía, no les faltaba de nada y, con mis amigos, montábamos historias, era genial, una especie de mundo paralelo ya que la gente, los mayores, seguían circulando por todas partes. La tiza fue uno de los mayores inventos en mi niñez, y plasmar cualquier cosa con su efímera vida, la hacía aún más seductora. Aquellos corazones con flechas atravesadas y los nombres escritos de jóvenes enamorados que, no durarían demasiado pues quedaba, afortunadamente, muchos nombres, corazones e historia aún por escribir…
Pero había algo a lo que a mí me encantaba jugar sobre todas las cosas, era el sambori, o ziriguizo como le llaman mis padres. Aquél juego en el que debías demostrar tu equilibrio y pericia para llegar al Cielo; donde tu destino dependía de una piedra y de tu maestría al tirarla y recogerla.
Los hacíamos de mil formas e infinitamente largos, había mucho camino que recorrer para llegar hasta la meta.
Eran otros tiempos, una tiza y una simple piedra podían hacernos felices, no necesitábamos más.

Esta noche mientras volvía a casa hundida en mi bufanda hasta las orejas y con las manos en los bolsillos, miraba hacia el suelo que avanzaba infatigable bajo mis pies, gris, frío y húmedo…
No recuerdo que siendo niña jamás lo haya visto de esta forma, ni siquiera creo que lo recuerde de color gris.

Permanece, sigue ahí bajo mis pies, después de tantos años. Las mismas calles, quizá con algún desperfecto que otro o incluso, con algún parche de nuevos y flamantes adoquines en alguna esquina.
Pero ahí sigue, el suelo bajo mis pies, sujetando mi cuerpo, mi vida. La vida de aquella niña que, con calcetines blancos y coleta de caballo, saltaba a la pata coja sobre decenas de números de color blanco para intentar algún día, llegar al Cielo.

Antes todo era más sencillo.