"I remember" Damien Rice
* Imagen de la película "To the wonder"
Cerró
el libro entre sus manos aún temblorosas por la excitación. No estaba segura de
lo que acababa de leer. De si era posible que aquella novela que aún tenía
sobre su regazo hubiera salido de la pluma de una persona totalmente ajena a
ella. Un escalofrío recorrió su cuerpo, erizando el bello de su piel que pudo
sentir bajo su fina bata de seda. Se quitó
las gafas con una mano y se limpió las lágrimas que sus ojos habían derramado
dulce y delicadamente.
Se encontraba aturdida y algo mareada, no sabía muy bien qué hacer. Ignorar
todo aquello sería una buena idea y seguir con su tranquila vida como hasta
ahora. O intentar averiguar quién, cómo, y por qué, había escrito una parte de
ella misma con tanta claridad. Una parte de su vida que no compartió jamás con
nadie.
Ni siquiera era capaz de recordar cuánto tiempo había pasado desde entonces. Pero
sí era consciente de que había sido mucho; la piel de sus manos delataba el
inexorable paso de los años. Las contemplaba a la vez que acariciaba
la portada del libro, y leía una y otra vez con un hilo de voz el título que le
había llamado la atención en la tienda. Una de las pocas librerías que quedaba
aún abierta de aquellas que ella frecuentaba desde joven, y donde habitualmente
se acercaba a comprar sus codiciados ejemplares en papel. El título rezaba: “Si la oscuridad nos mantiene separados”. Se levantó de su sillón de lectura. Era su lugar favorito de toda la casa; donde se podía pasar horas y horas leyendo bajo los cálidos rayos de sol en
invierno, o mecida por la suave brisa del verano junto a la ventana. Dejó
el libro sobre la mesa con tanto cuidado como si pensara que pudiera romperse o
desaparecer de un momento a otro, dejar de ser real, dejar de tener sentido; si
es que de alguna forma todo lo que estaba ocurriendo podía tenerlo.
Se dirigió a la cocina. Decidió hacerse una taza de café para ver si despejaba
un poco su mente, cuando se dio cuenta de que estaba tarareando una canción. Como
si un resorte se hubiera activado en su interior, corrió al estudio y buscó
entre sus discos. Allí estaba. De nuevo su cuerpo sintió una sacudida que
alteró cada uno de sus órganos. Su mundo se estaba poniendo patas arriba.
Comenzando desde lo más profundo, desde un lugar donde hacía tiempo no había
dejado entrar a nadie más, su corazón.
Sus temblorosas manos colocaron con sumo cuidado el vinilo sobre el plato, tomó el brazo con la vieja aguja
y la depositó delicadamente sobre aquella oscuridad de plástico. Comenzó a
deslizarse entre pequeños y sutiles
saltos, como olas negras entre aquellos surcos rellenos, hace años, de vida.
Quizá no era todo una coincidencia, quizá aquella historia había llegado a ella
como una señal, es posible que le estuviera advirtiendo o avisando de algo.
Siempre había creído en las señales, en la casualidad…
Tomó de nuevo el ejemplar entre sus manos porque no recordaba el nombre del
autor. A veces compraba libros porque le gustaba su olor, la portada, o como en
éste caso, el título. En muchas ocasiones no solía hacer caso de quién era el
escritor. De ésta forma había descubierto auténticas maravillas, de personas
totalmente desconocidas.
Curiosamente en la portada solo aparecía el título. Tampoco se encontraba en el lomo, así que al
mirar la contraportada, allí estaba, el nombre de la persona que ahora mismo
había tomado posesión absoluta de su estómago, “Peter W”
"¿Peter W?" no conocía a nadie con ese nombre. En realidad no conocía
personalmente a nadie con nombre y apellidos ingleses. Pero había algo que le
resultaba tan familiar…qué extraño. "¿Quién sería esa persona?" No había referencias
del autor y la portada era una fotografía de una bahía. Aunque era una de e
esas imágenes difusas y retocadas que no dejaba distinguir nada con demasiada
claridad. El mar de fondo, una especie de montaña a la derecha y lo que parecía
una pequeña construcción de madera en primer plano. No había nada excesivamente
llamativo para ella, excepto el título.
Con la taza entre las manos se dirigió a su biblioteca. Intentando encontrar
entre sus libros, carpetas y apuntes (era un tanto desordenada, la verdad)
alguna pista, algo que le llevase hasta ese nombre que no paraba de reproducirse
en su cerebro una y otra vez. Mientras aquella canción sonaba de fondo,
introduciéndose más en su interior.
Recordaba perfectamente aquél suceso de su vida, no lo olvidaría jamás, pero
¿cómo había llegado a plasmarse de una manera tan fidedigna en un libro sin
ella saberlo? Habían pasado tantos años que no era capaz de recordar las
amistades que tenía entonces. Su cabeza hacía tiempo que empezó a fallar, no
era alzheimer, pero sí el desgaste propio de la edad en sus neuronas. De
repente se producían lagunas en su cerebro que sin más volvían a la absoluta
claridad, aunque no recordara lo que había comido ayer, sin embargo en ocasiones
era capaz de recordar sucesos de hacía más de 40 años. Pero ésta vez no. No sabía
asociar. La canción, el nombre, titulo, la historia, su corazón acelerado. "¿Qué
estaba ocurriendo?"
Aun así, insistió en su cometido, encontrar quién era aquella persona que sabía
tanto del gran y único amor de su vida. Encendió el ordenador, estaba un tanto
desfasado, porque ella ya no le daba el uso de antes. Seguía escribiendo cada
día, pero aparte de eso, ahora solo consultaba alguna receta de cocina, buscaba
algún libro que de repente encontraba anotado en alguna de sus libretas y no
había llegado a comprar, contestaba algún correo y cosas así… Mientras se ponía
en marcha, volvió a poner de nuevo el mismo tema. No pudo evitar evocar el
momento más inocente y bello de aquél recuerdo, llegó así, de repente. Su primer abrazo.
"Por aquél entonces ella trabajaba para
una pequeña empresa familiar. Se dedicaban a la restauración de muebles
antiguos. Siempre fue habilidosa con las manos y por las cosas del azar, fue a
parar allí hacía ya varios años.
Todos los días en su hora de comer se acercaba a un pequeño restaurante cercano
al taller. Poseía una terraza interior muy tranquila. En verano era descubierta
y durante los meses de invierno la cubrían con unas techumbres de cristal. La
verdad es que era un lugar encantador. Ella tomaba allí cada día su menú, leía,
o escribía en su pequeño cuaderno de color azul. Eran sus dos grandes pasiones.
Con sus propias manos había restaurado el mobiliario de estilo provenzal con el
que estaba decorado aquél idílico jardín urbano. Solo había cinco mesas, de manera que los comensales, casi se podía decir que comían juntos bajo un naranjo, un
limonero e infinidad de plantas aromáticas que los dueños plantaban para uso
particular en su cocina. Tomillo, romero, cilantro, o lavanda eran algunas de las
hierbas que creaban ese ambiente silvestre tan agradable.
Todo había florecido, la primavera estaba en su mayor esplendor y el ambiente se
impregnaba de un penetrante aroma a vida".
Continuará....